Panóptico

Sin justicia no hay paraíso…

Desde niños palpamos el sentido de la justicia con el afecto equitativo de los padres y la importancia de aprender a compartir comida, juguetes, ropa, dinero, pero también la disciplina sin distingos para todos los hermanos.

Muchas veces nos quedamos, siendo niños, con la sensación de que nuestros padres fueron injustos en el reparto del afecto, del tiempo, de los regalos y, peor aún, con los regaños y los castigos.

Hoy como adultos, cuando nos enteramos de que el sistema de impartición de justicia comete pifias como la liberación de peligrosos delincuentes porque sus abogados invocaron la violación del debido proceso, sentimos que se comete una injusticia.

Peor aún si la parte de las víctimas es conocida, tiene amistad cercana o guarda un parentesco con nosotros.

No se trata de defender a ningún criminal, sino de exigir que los jueces apliquen la justicia en todos los delitos, así sea para quien robó por hambre un kilo de barbacoa, violó la reglamentación al construir un edificio, secuestró, violó, asaltó o asesinó, o para quien cometió un ecocidio destruyendo manglares para construir hoteles.

El presidente del Tribunal Superior de Justicia, Carlos Emilio Arenas Bátiz, ya emitió una segunda sentencia en el caso de la liberación de cuatro hombres confesos y sentenciados por secuestro y homicidio de un joven sampetrino: dice que quien los liberó es uno de sus mejores jueces y tiró la piedra hacia la Procuraduría de Justicia.

No se trata de hablar de fiscales a modo, de jueces favoritos o magistrados corruptos, que los hay. Tampoco podemos hablar de que no existan los despachos divinos, que aún hoy existen, sino de saber dónde están las fallas técnicas reales, los agujeros para la impunidad.

Lo que se necesita son reformas legales que permitan la aplicación real de la justicia, desde el policía que investiga el delito, el fiscal que recibe la evidencia e integra la averiguación y el juez que espera recibir un expediente pulcro y bien integrado.

La carencia de esta cadena normativa evidencia la realidad de un país en donde el 97 por ciento de los delitos quedan impunes.

La justicia es una de las premisas de la democracia y la base para ser capaces de enfrentar el cáncer de la delincuencia que carcome a México entero.

Sin justicia no hay paraíso...

javier.sepulveda@milenio.com