Panóptico

De futbol, animales y diputados

En Brasil estalló la violencia callejera con la quema de autobuses porque su Selección fue eliminada del Mundial de Futbol, en una mezcla de malestar ante la tragedia del deporte nacional y la situación económica de su país.

En Monterrey estalló la violencia a las puertas del Congreso del Estado porque los llamados partidos chicos no lograron bajar los porcentajes de votación para obtener un segundo diputado de representación proporcional al aprobarse la reforma electoral en Nuevo León. El legislador del PRD, Eduardo Arguijo, encabezaba la turba que destrozó puertas y cristales.

En Montemorelos, el miércoles, un hombre se llevó arrastrando a su perra hasta un baldío cercano a su casa, ante la mirada atónita de sus vecinos. Poco después encontraron al animal ahorcado; su dueño lo colgó de un árbol porque estaba en periodo de celo.

En Montemorelos, ayer jueves, en el mismo barrio en donde ahorcaron a la perra, apareció un perro macho con la oreja izquierda semidesprendida, al parecer de un machetazo.

Los autores de estas agresiones no podrán ser acusados de falta o delito alguno porque no hay una ley que proteja a estas especies contra ataques humanos.

Los diputados ya se fueron de vacaciones y entre sus múltiples pendientes dejaron colgada la aprobación de la ley para proteger a los animales. Se atoró por el tema de las corridas de toros, pero bien podían dejar fuera ese apartado y aprobar la protección para el resto de las especies domésticas.

Gastan el tiempo en leyes estúpidas como aquella del ciberbuylling, o reviviendo temas superados y arcaicos como el del derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte, pero no fueron capaces de legislar para salvaguardar y proteger al hermano animal.

Porque no hay mucha diferencia entre una horda con actitudes salvajes como la brasileña quemando camiones, la regiomontana destrozando los accesos al Congreso del Estado o la de los diputados asegurando el futuro de sus partidos con leyes electorales, con una jauría o manada cazando por la supervivencia.

Los legisladores aprovecharon hasta el último día para aprobar la reforma electoral, pero se olvidaron de los animales, pese a ser tan cercanos.
Unos cazan la próxima presa y otros el próximo hueso

javier.sepulveda@milenio.com