Panóptico

Para un "cochino", un intolerante

´

Según los cálculos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), cada mexicano genera al día un promedio de 770 gramos de basura, lo cual quiere decir que en San Nicolás se recolectan unas 350 toneladas de desechos cada 24 horas.

De acuerdo a la cifra del panorámico donde el gobierno nicolaíta exhibe a un ciudadano cochino, como lo llama por tirar basura en la vía pública de manera repetitiva, cada día recogen de las calles 25 toneladas de desechos.

Esta cifra representa algo así como el siete por ciento del total diario que se genera en el municipio, lo cual evidencia también que además de la persona que exhiben en ese espectacular, al gobierno de Pedro Salgado Almaguer se le escapan al día por lo menos otros 50 mil infractores suponiendo, exageradamente, que cada uno lanzara a la calle medio kilo de basura cada 24 horas.

Con ese nivel de eficacia para combatir a los cochinos, gastar tres mil pesos en la impresión de una lona para exhibir a uno de los 50 mil que a diario lanzan basura al aire libre, es demasiado dinero.

Como también sería demasiado gastar 150 millones de pesos en lonas para espectaculares para exhibir a los 50 mil cochinos que ensucian a diario las calles nicolaítas.

Sería más caro exhibirlos, que pagarle a Simeprode por procesar los desechos del resto de los habitantes de San Nicolás que sí confinan la basura y se deshacen de ella de manera ordenada.

Sin contar que si los 50 mil cochinos fueran detenidos y sus rostros exhibidos en espectaculares, se tendría que publicar también la foto de Pedro Salgado, por contaminar visualmente el entorno urbano con miles de panorámicos. 

Al margen de las recomendaciones de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, de las críticas de CADHAC y de las opiniones a favor y en contra de diversos personajes, los métodos del alcalde nicolaíta, como ya lo dijo ayer el colega editorialista Guillermo Colín, rayan en el fascismo.

A lo largo de la historia, la intolerancia investida por el poder ha etiquetado a los diferentes señalándolos, marginándolos, segregándolos, e incluso enviándolos a la muerte, como hizo Hitler con los judíos en los campos de concentración.

El poder, a lo largo de la historia, es una buena máscara para encubrir la intolerancia y otras miserias humanas.

javier.sepulveda@milenio.com