Panóptico

Castro y el bloqueo que viene… para México

Tras la muerte de Fidel Castro, ríos de tinta se han escrito sobre el papel del líder de la Revolución más emblemática del siglo XX en América Latina.

Tantos como los ríos de gente que salió a las calles en Cuba para llorarle como si fuera, literalmente, su padre, al grito de: "Yo soy Fidel".

Y mientras en Estados Unidos sus empresarios buscan invertir en Cuba y sus ciudadanos hacer turismo, en México, donde Fidel planeó y recibió apoyo para la Revolución, se notan más ataques que solidaridad, especialmente entre intelectuales y periodistas "expertos" en dictaduras.

Para su pesar, el "dictador" Fidel Castro recibió honores de jefe de Estado al que asistieron decenas de mandatarios del mundo, entre ellos el presidente Enrique Peña Nieto, el embajador de Estados Unidos en Cuba y un enviado personal del presidente Barack Obama.

Sabrán esos "expertos" cuántos dictadores y cuántos siglos de tiranía acumularon los militares que gobernaron El Salvador, Guatemala, Venezuela, Paraguay, Chile, Argentina, Uruguay, Bolivia y Nicaragua, entre otros países.

Esos militares fueron entrenados, por cierto, en Estados Unidos, país que siempre los apoyó para mantenerse en el poder, pero cuando murieron o los derrocaron nadie en su pueblo derramó una lágrima.

En México hay quienes se dicen aliviados con la muerte de Castro, cuando deberíamos estar preocupados por aprender cómo fue que lidió con ocho presidentes estadunidenses y un feroz bloqueo comercial que arruinó a la isla.

Porque los ataques y las amenazas contra México son reales y aun antes de que Donald Trump asuma el poder, ya comenzaron a tener efectos en Nuevo León con la cancelación de la planta de Carrier en Santa Catarina.

Viene un bloqueo de inversiones contra México y tal vez muchas maquiladoras regresen a Estados Unidos, con la consiguiente pérdida de empleos. Ojalá y nos equivoquemos, pero los efectos del bloqueo que viene podrían ser muy graves.

Tal vez sólo entonces entendamos la férrea defensa de la soberanía y el orgullo patriótico que Fidel Castro, a quien muchos llamamos "dictador", infundió a su pueblo.

javier.sepulveda@milenio.com