Panóptico

Un año de Gobierno y 'des-gobierno'

Esta semana se cumplió el primer año de mandato de un gobernador que se presume independiente y se perfila como precandidato a la Presidencia de la República por los aspirantes sin partido.

Más allá de las posibilidades reales de Jaime Rodríguez Calderón para llegar a Los Pinos, estos 12 meses que le dieron vuelta a un calendario de gobierno que avanza lento, pero inexorable, han servido para demostrar a los ciudadanos que todo cambió, pero a la vez todo sigue igual.

Los escándalos por corrupción no son cosa del pasado, porque además de que siguen libres muchos presuntos corruptos, esta administración estatal no se ha quedado fuera de actos de corrupción e ilegalidad.

Para el ciudadano común, el escándalo del cobijagate es una clara muestra de que la corrupción es un fantasma que habita en el Palacio de Gobierno y aparece de cuando en cuando para robarse el dinero público.

Para el empleado de gobierno común, el que gana menos de 15 mil pesos al mes, la administración actual es un desastre: llegaron igual que todas las anteriores, colocando a los amigos en las plazas con más alto sueldo.

Y como es tradición, el trabajo operativo, el que hace funcionar al Gobierno, lo siguen haciendo los de siempre, esos mismos que ganan menos de 15 mil pesos y tienen la mitad de su vida en la nómina estatal.

Del otro lado del mostrador, desde el escritorio donde despachan el gobernador y sus secretarios, todo está muy bien: el Gobierno tiene ahorros, los juicios contra los corruptos siguen su curso y la inseguridad sólo existe en los periódicos y los noticieros de televisión.

La única inseguridad que, con excepción del gobernador, podrían ver muy cercana todos los secretarios, es la de quedar fuera del presupuesto ante los cambios en el Gabinete, esos cambios en los que el gobernador medita esta semana.

Ningún secretario quiere que llegue el jueves 13, cuando se anunciarán relevos y enroques en varias secretarías para tratar de corregir el des-gobierno en el Gobierno.

El tiempo corre. Las apuestas también.

javier.sepulveda@milenio.com