Panóptico

Alumnos asesinos: culpa social

El asesinato de un adolescente del Conalep a manos de su compañero de escuela, quien lo atacó en el vientre con una navaja, es otro de los crímenes que nos hace sentirnos culpables a todos, por más lejanos que los acontecimientos estén de nosotros.

La sangre de menores de edad que pierden la vida pesa más que la de cualquier otra persona, porque como adultos y como sociedad somos corresponsables del llamado proceso de aculturación de las nuevas generaciones.

La educación, los valores, las habilidades, las aficiones, los modos de vida y todo ese bagaje que asimilan como ciudadanos en ciernes a través de la cultura los niños y jóvenes en la familia, en la escuela y en el entorno, no es más que el reflejo de todos quienes formamos la sociedad.

Y los más ingenuos nos preguntamos cómo es que, siendo tan jóvenes, uno de estos muchachos fue capaz de blandir un cuchillo y enterrarlo en el cuerpo de su compañero de clase.

A esa edad, 16 años de agresor y agredido, no se puede hablar de inocencia sobre las consecuencias de un ataque con arma blanca, pero sí del poco respeto por la vida, por el sí mismo y por la sociedad.

Este jueves estuvo en Nuevo León el secretario de Educación, Aurelio Nuño Mayer, quien promueve un ambicioso programa llamado Salud en tu Escuela, mediante el cual se pretenden recuperar desde el aula buenos hábitos alimentarios y de actividad física.

Sin duda un esfuerzo importante que debemos apoyar, pero vamos tarde, sociedad y gobierno, en el intento de mejorar la salud física y mental de los escolares.

Desde casa y como sociedad, lo mejor que podemos hacer es poner límites a tiempo a los nuevos miembros, desde que nacen, hasta que llegan a ser ciudadanos en términos legales.

La llamada conciencia moral, tan inasible como tan ausente hoy, no es algo que cae del cielo o la aporte el Espíritu Santo.

Se construye poniendo límites a tiempo. Cuando los menores llegan a las armas, la muerte llega dentro o fuera de la escuela. Ya vivimos ambos lados de la moneda en menos de seis meses y debemos sentirnos corresponsables todos.

javier.sepulveda@milenio.com