Panóptico

Violencia e inseguridad acechan de nuevo

El asesinato de tres agentes de la Policía Ministerial a manos de miembros de la delincuencia organizada acabó con la tregua de ejecuciones de policías de casi un año en Nuevo León.
Y de paso prendió las alarmas para recordarnos que las ejecuciones subieron en los primeros cuatro meses de este 2014, como si la delincuencia organizada fuera cercando de nuevo al área metropolitana.

Estos homicidios sirven también para revisar la historia de los últimos años, ya que los primeros ataques mortales del crimen organizado fueron precisamente contra policías e incluso jefes de corporaciones.

Uno de los crímenes que marcó a Nuevo León fue la ejecución de Marcelo Garza y Garza frente a la iglesia de Fátima, en San Pedro, al anochecer del 5 de septiembre de 2006.

Si bien es cierto que hoy las medidas de protección de los funcionarios policiacos y de primer nivel de los tres poderes son muy distintas a las de hace ocho años, ninguno de los tres niveles de Gobierno debe bajar la guardia, porque los civiles serán quienes paguen de nuevo las consecuencias si la inseguridad regresa.

A la fecha es incontable el número de muertos en enfrentamientos, pero también el número de desaparecidos por secuestro que nunca fueron liberados, pese a que se pagaron rescates. De algunos aparecieron sus cadáveres, de otros ni un hueso.

Otra cifra es la de los levantados, esos a quienes se les privó de su libertad y seguramente de su vida por simples venganzas entre grupos del crimen organizado.

Familias completas, niños y mujeres incluidos, pagaron las consecuencias de los círculos de violencia en los que alguno de los miembros estaba involucrado.

Muchos niños sin padres son otra de las tragedias que nos recordarán siempre una época oscura. Y nadie sabrá explicarles por qué o cómo fue que llegamos a niveles de violencia e inseguridad tan extremos.

Hoy nos volvemos hacia Tamaulipas con ojos inquisidores, olvidando que las bandas del crimen organizado las tenemos aquí: en la colonia Independencia, en San Bernabé, en los municipios cercanos y lejanos de Monterrey.

No hace falta ir a buscar criminales a Tamaulipas. Todavía se pasean aquí con impunidad, aunque ciertamente muchos están siendo enviados a la cárcel.

Atrapan pronto al resto, o la violencia y la inseguridad volverán para devorarnos.

javier.sepulveda@milenio.com