Panóptico

Ugo Ruiz necesita "asesinar" a Mauricio

Como en la tragedia de Edipo, los políticos están destinados a matar al padre putativo, aunque de manera simbólica, para gobernar sin ataduras ni cortapisas, sin deudas políticas ni afectivas.

El ejemplo más claro y reciente de la política mexicana es tal vez el de Ernesto Zedillo enfrentando a Carlos Salinas. Zedillo metió a la cárcel a Raúl Salinas y pactó con el ex presidente su largo exilio, luego de la pantomima de la huelga de hambre en Monterrey en aquel ya lejano marzo de 1995.

La mano firme de Zedillo para mantener en la cárcel al hermano incómodo y expulsar del país al ex presidente más poderoso de la historia reciente de México operó en el inconsciente colectivo como el asesinato del padre o en términos corrientes, como la muerte política de Salinas.

Fue el corte de tajo con los compromisos que pudiera haber, al recibir Zedillo como regalo una Presidencia de la República emergida de una campaña manchada de sangre. Que la historia los juzgue.

Aquí y ahora está sucediendo en San Pedro un caso similar con la relación entre el alcalde Ugo Ruiz y su antecesor y padre político, Mauricio Fernández Garza, con la diferencia de que, transcurrido un tercio de su mandato, el actual edil no puede sacudirse el peso político y afectivo de su padre putativo.

Lo peor no son las deudas afectivas, sino las económicas, pactadas por un alcalde de origen empresarial que no demostró el más mínimo conocimiento de administración y finanzas cuando gobernó el municipio.

Contratos ruines con intereses de escándalo en el proyecto de San Pedro Net y el arrendamiento de las autopatrullas y motocicletas de Policía y Tránsito dan ejemplo de un gobierno omiso y despreocupado del futuro financiero del municipio.

Es la herencia de Mauricio, la versión sampetrina de Cruz Treviño Martínez de la Garza, para Ugo Ruiz, el moderno Silvano que sigue temeroso de cuestionar la autoridad de su padre.

En San Pedro se necesita un golpe de timón, el asesinato del padre, el rompimiento definitivo entre Ugo Ruiz y Mauricio Fernández mediante la cancelación de los contratos leoninos heredados, como se hizo ya con el de los parquímetros.

El hijo putativo de Mauricio parece querer demostrar el ejercicio del poder mediante decisiones propias y estilo personal de gobernar. Pero sólo parece. ¿Lo hará?