Panóptico

Tesorero, necesario desde la transición

Si el inicio de un sexenio estatal en Nuevo León siempre es complicado en materia de integración de todos los grupos políticos, en el relevo que viene el próximo 4 de octubre el verdadero problema serán las finanzas públicas.

Es normal que el gobierno saliente deje tierra arrasada, literalmente, con pocos fondos en la Tesorería y muchos cheques por librar.

El que llega se encuentra con el compromiso del gasto corriente, los aguinaldos de los empleados estatales y muchas cuentas por pagar a los proveedores.

En la historia reciente del Estado, los gobernadores constitucionales asumen el cargo presionados por el cierre de año y muy poco margen de maniobra para sacar raja del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF).

Para el mes de octubre el PEF ya está en proceso en el Poder Ejecutivo, que lo envía al Congreso de la Unión para su análisis, redistribución y aprobación.

Por si fuera poco, en la asunción del próximo gobernador o gobernadora, entra la variable de que el PEF ya no se aprueba durante el último mes del año, por el riesgo de llegar al 31 de diciembre sin acuerdos, como ya ocurrió en alguna ocasión.

Por ello, quien gane la gubernatura deberá calcular que el PEF para el 2016 tiene como fecha fatal para su aprobación el 15 de noviembre del presente año.

El punto clave es que, para el inicio legal del sexenio, apenas 40 días antes de aprobarse el gasto público de 2016, habrá poco o nada qué hacer en las negociaciones para lograr recursos adicionales mediante la redistribución de las partidas.

Tampoco habrá mucho margen para pedir préstamos emergentes, porque todas las dependencias estatales usadas para apalancar créditos ya no tendrán capacidad de pago.

Aún fluye dinero fresco en Metrorrey, sin olvidar que para entonces estará pagando los vagones de la Línea 3. La otra es Agua y Drenaje, pero su liquidez quedará comprometida para pagar las obras de Monterrey VI.

Más vale que cada candidato tenga ya previsto quién ocupará la Tesorería; más que un equipo de transición, se requerirá un cerebro financiero que gestione recursos antes de aprobar el presupuesto de 2016.

Y ya en el gobierno, que haga magia con el poco dinero que vendrá.

javier.sepulveda@milenio.com