Panóptico

"Secuestradores" de la justicia y la transparencia

Saber que su secuestrador salió libre semanas o meses después de su detención debe ser muy amenazante para cualquier víctima de privación ilegal de la libertad.

Ese debe ser el caso con quienes fueron las presas de Alfredo Martínez Abraham, el ex policía de Santa Catarina capturado junto con una banda de presuntos secuestradores y asesinos en enero pasado.

Martínez Abraham fue liberado en abril, apenas tres meses después de su detención, con una fianza de 15 mil pesos al conmutarse su pena por libertad condicional debido a que sólo se le pudo comprobar venta de estupefacientes.

Al mes siguiente, el delincuente con sentencia ejecutoriada por delitos contra la salud volvió a las andadas en los secuestros. Por fortuna fue capturado el sábado pasado por elementos de la misma corporación en donde alguna vez trabajó.

Muy mal que los delincuentes salgan libres por incompetencia de quienes procuran e imparten justicia. Peor aún es la opacidad con que se manejan las instituciones responsables de perseguir y sancionar a quienes infringen la ley.

Muy bien que la Procuraduría de Justicia haga públicas las detenciones de quienes cometen los peores delitos, como secuestros y homicidios dolosos.

Muy mal que el Poder Judicial no permita saber en tiempo real cuántos y quiénes de esos presuntos delincuentes son procesados y sentenciados.

A diferencia del Poder Judicial de la Federación, en la página del Poder Judicial de Nuevo León se percibe el oscurantismo. Si alguien solicita información de juicios, se le registra con sus datos personales y se le advierte que los expedientes visitados quedarán registrados en su historial. Y lo peor: la información que liberan es escasa.

Persiguen más a los ciudadanos que solicitan información, que a los delincuentes sometidos a proceso. Usos y costumbres que ya no están acordes con el nuevo sistema penal acusatorio y en donde ya debería existir el delito de secuestro de información para fiscales y jueces que oculten averiguaciones y procesos.

No por nada hay leyendas urbanas de que muchos de quienes deberían estar en los penales, en realidad andan disfrazados de ludópatas en casinos, de enfermos en hospitales o simplemente halconeando, asaltando o secuestrando de nuevo, liberados por jueces asaltados por la duda razonable… 

javier.sepulveda@milenio.com