Panóptico

San Pedro: la impunidad "en concreto"

¿Cuánto vale la vida de un trabajador? ¿Cuánto vale la de cuatro? Son preguntas para las que nadie tiene respuesta.

Si bien la ley marca cuánto cuesta indemnizar por la pérdida de vidas en un accidente de trabajo, no hay dinero que las reponga.

Ayer ocurrió en San Pedro un hecho que no puede llamarse accidente, sino más bien la consecuencia de una serie de estupideces, omisiones y corruptelas derivadas de la ambición y la codicia de un constructor avaro que prefirió arriesgar la seguridad de sus empleados antes que gastar en prevención. Y perdió la apuesta pagándola con la vida de tres de sus trabajadores.

En un país que se digne de aplicar sus leyes con rigor, hoy deberían amanecer cesados varios funcionarios relacionados con la protección civil y el desarrollo urbano de San Pedro.

Y en la cárcel el perito responsable que solicitó la licencia de construcción, así como el constructor de la obra bajo cargos de negligencia criminal, violación de las normas de desarrollo urbano, de protección civil y de seguridad en el trabajo.

Advertidos estaban desde marzo pasado, cuando la obra fue clausurada unos cuantos días luego del primer derrumbe que costó la vida del primer trabajador.

Para el segundo derrumbe ocurrido ayer no hay disculpa ni pretexto, y la evidencia es elocuente: hasta las familias de los empleados sabían de los riesgos en una construcción con suelo inestable.

La viuda de uno de los fallecidos ayer fue al grano, tras enterarse en el sitio del derrumbe que había perdido al compañero de su vida: “Lo pusieron a cavar su propia tumba y ahí se quedó”.

San Pedro es en los últimos 10 años el reflejo de la impunidad en materia de construcción. Edificios hechos sin permiso, otros que violaron la altura permitida, accidentes mortales por derrumbes, evasión de impuestos, violaciones a la densidad habitacional y de uso de suelo y todo un rosario de delitos y faltas que omitimos por escasez de espacio.

Es el San Pedro del siglo XXI, en donde presumen de una muralla imaginaria llamada blindaje de seguridad.

Pero los bandidos ya están adentro y construyen a diario el desorden. Dejaron afuera la ética y los valores mínimos del respeto por la vida y los derechos ciudadanos.

Una delincuencia muy bien organizada que nadie se atreve a tocar…

javier.sepulveda@milenio.com