Panóptico

Promesas ricas, candidatos pobres

La semana pasada dijimos aquí que, gane quien gane la gubernatura, debería nombrarse un tesorero desde la transición, que gestione la mayor asignación de recursos a Nuevo León para el próximo año.

Anticipamos también que con los niveles de deuda y la poca capacidad para garantizar créditos del Gobierno del Estado y sus organismos descentralizados, quien sea el próximo tesorero no sólo deberá administrar el escaso dinero proveniente de la Federación, sino también hacer magia, porque habrá muy pocos recursos.

Esta semana el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, delineó un panorama poco halagüeño y peor aún: para calcular el Presupuesto de Egresos de la Federación para el 2016 no se tomará como piso el monto ejercido durante este año, sino que comenzarán de ceros.

Una contracción en el gasto público se reflejará en menos programas sociales, menor obra pública e infinidad de recortes en proyectos de salud, de educación y ya ni se diga de cultura e investigación, tradicionalmente raquíticos en los presupuestos federales y de los estados.

Lo que llama la atención es que los candidatos a la gubernatura sigan haciendo campaña como si tuviéramos una economía boyante, con crecimiento y sin deuda pública.

Por eso llaman la atención dos promesas, una de Ivonne Álvarez para la creación de una agencia estatal del empleo y otra de Felipe de Jesús Cantú, quien anuncia una nueva línea del Metro hacia Santa Catarina.

El primer compromiso implica riesgos, porque la creación de empleos depende de variables macroeconómicas. Recortar el gasto se traduce en despidos y el gobierno no puede impedirlo por decreto o mediante una agencia.

Y prometer una nueva línea de Metro en tiempos de ajustes presupuestales es como tener un músico desafinado en una orquesta.

Deberían estar conscientes de que, quien ocupe la silla del Palacio de Cantera a partir del 4 de octubre, llegará a administrar un estado endeudado y con muy pocas esperanzas de mejorar su situación financiera en el corto plazo.

Alguien debería decirles a los candidatos que el prometer no empobrece, pero de buenas intenciones está tapizado el camino a la derrota.

javier.sepulveda@milenio.com