Panóptico

Intolerancia panista

El posicionamiento del PAN en torno a la homologación de la ley electoral estatal con la ley federal de la materia, hacen ver al partido como si fuera a seguir siendo oposición el resto del siglo.

El secreto de la permanencia y la hegemonía de los grandes partidos del mundo como el PRI, descansa sobre el reparto de posiciones.

Así sean las minorías más recalcitrantes, deben tener fichas para jugar con las reglas de la democracia y aspirar a estar representadas en un Congreso.

La historia de los periodos más complicados de México cuestiona las exclusiones, la inequidad y la falta de espacios para la libre manifestación de las ideas.

Las leyes de Reforma, la Revolución Mexicana, la Guerra Cristera y la guerrilla de los sesenta y setenta son todas síntomas de la exclusión y la inequidad sufrida por grandes segmentos de población.

Todos estos episodios históricos devinieron en pactos de inclusión de todas las fuerzas en el proyecto nacional.

Si bien la guerrilla cuestionaba la pobreza, también reclamaba la falta de participación política de la izquierda.

En cuanto el Partido Comunista se legalizó y se le dio amnistía para sus presos, las armas de la guerrilla fueron desapareciendo.

Pero en la lógica del PAN actual no cabe la pluralidad política ni la posibilidad de alianzas con las fuerzas minoritarias.

En su visión obtusa y escotomizada de la realidad no se plantea la inclusión de todos los grupos y corrientes.

Pretenden que las diputaciones de representación proporcional se logren con porcentajes de votación del tres por ciento general.

Olvidan el PAN, sus legisladores y líderes, que gracias al modelo del 1.5 por ciento de los votos para obtener la segunda diputación, fue posible tejer una alianza con quienes ocupan las dos curules del PRD en el Congreso del Estado, aunque a nivel nacional sean enemigos históricos.

En el caso de las candidaturas ciudadanas, es cierto que deben ponerse candados y controles para decantar y permitir que se inscriban sólo los aspirantes más valiosos y con un verdadero respaldo ciudadano.

Pero que el PAN busque un modelo bipartidista en el Congreso del Estado para tener más diputados y negociar sólo con el PRI es una postura excluyente, antidemocrática y contraria al espíritu representativo de una república.

javier.sepulveda@milenio.com