Panóptico

Hipocresía de alcaldes y diputados

Los alcaldes fingen muy bien que desean servir a los ciudadanos de su municipio y por ello, aseguran, gestionan recursos federales para concretar obras y proyectos ante las instancias que sean necesarias.

Pero el interés de fondo no es precisamente el espíritu de servicio, sino hacer obras y promover acciones que les alleguen reconocimiento y fama pública, sobre todo de esos proyectos en donde al final se les inaugura con una placa y sonríen para la foto.

En resumidas cuentas, su necesidad de gestionar recursos no obedece a un espíritu solidario, subsidiario o de servicio, sino meramente político, favorable a su respectivo partido y por supuesto, al proyecto personal.

Muchos alcaldes quieren ser después diputados locales o federales porque representan tres años de fuero “por lo que se ofrezca”.

Pero siendo fríos, ¿en dónde están los últimos tres o cuatro ex alcaldes panistas de Monterrey?

Adalberto Madero y Jesús María Elizondo están en el ostracismo, mientras que Felipe de Jesús Cantú y Fernando Larrazabal sueñan aún con ser candidatos a la gubernatura.

Será difícil que puedan despojar a Margarita Arellanes de la holgada posición que hoy teje desde la alcaldía de Monterrey con el poder, el presupuesto y los reflectores a diario, si bien en esa sobre exposición lleva su propio riesgo…

Por el lado de los diputados federales, se mueven por entre una maraña de intereses que les marcan sus respectivos partidos a través de sus dirigentes. Y cuando tienen gobernador del estado de sus mismas siglas, deben rendirle pleitesía.

Pero el Congreso federal es también semillero de muchos precandidatos y el escenario perfecto para hacer campaña.

Ahí están varias y varios de los precandidatos del PRI a la gubernatura, tanto en el Senado como en la Cámara Baja, así como algunos por el PAN a las alcaldías metropolitanas.

Y su activismo no es menor. Las y los priistas aparecen de pronto en los eventos del gobernador Rodrigo Medina o con los alcaldes de su partido.

Los panistas hacen lo propio con la alcaldesa de Monterrey y en cuanto escenario pueden llenar.

Es el ciclo que regresa cada tres y cada seis años. Es la vulgar lucha por el poder, no por el bien común…