Panóptico

Discriminadas por un "moreno y panzón"

La periodista Syndy García plasmó con claridad el desprecio y la discriminación de que son víctimas las personas diferentes cuando se encuentran en un entorno ajeno al suyo.

Peor aún cuando son abordadas por alguien que se cree no sólo con autoridad para cuestionar si las mujeres del caso en cuestión violaron algún reglamento por vender artesanías en la vía pública del municipio de San Pedro.

El asunto de fondo no es la actividad comercial que estas mujeres de la etnia mixteca desarrollaban en San Pedro al momento de ser amenazadas con el despojo de su mercancía por el inspector Alberto Rodríguez, sino la forma en que fueron tratadas.

Para el caso, la forma es fondo, porque el tal Alberto Rodríguez abusó de su posición como representante de una autoridad municipal, al ejercer el puesto de inspector del Departamento de Ordenamiento e Inspección.

Primero intentó despojar a las damas de su mercancía, consistente en artesanías diversas; luego, a gritos, le exigía a una de las mujeres que le preguntara a su compañera, que no habla español, su edad “en su idioma”, además de amenazarlas con llevarse a sus hijos al DIF.

El fotoperiodista Carlos Rangel también hizo lo suyo, al lograr gráficas muy oportunas del ataque de prepotencia del servidor público, en las que transpira intolerancia y molestia.

La verdad es que si este inspector tuviera conciencia de sus abusos y también la capacidad de ofrecer disculpas públicas, debería conseguirse primero un espejo y una báscula que le hagan recordar su piel mestiza y su peso.

Tal vez sería rechazado en uno de esos antros sampetrinos que se reservan el derecho de admisión, a menos, claro, que llegue con su charola de inspector por delante.

Pero como siempre vemos los errores ajenos, señalamos las diferencias en el afuera y excluimos todo lo que pueda ponernos en conflicto, nos olvidamos de nuestros equívocos y nos creemos iguales al resto mientras no nos enfrenten al espejo de nuestra realidad interna y externa.

Y tal vez cuando estas mujeres, quienes ya presentaron su denuncia en la Comisión Estatal de Derechos Humanos, narren su historia a sus amigos y familiares, comenzarán recordando que “un señor moreno y panzón nos gritó muy feo”.

javier.sepulveda@milenio.com