Panóptico

Atraco fallido de los alcaldes

Es cierto que los tres niveles de gobierno enfrentan situaciones de liquidez financiera que remiten a muchas causas y una de ellas es la caída de los precios del petróleo.

En los tiempos de vacas gordas, hasta se repartía a los estados y municipios una bolsa por excedentes del ingreso petrolero, tal como si fueran las utilidades de una empresa próspera.

Y Pemex aportaba de manera directa sello para el asfalto a los municipios, como un apoyo a los trabajos de repavimentación. Pero eso se acabó y ni con la reforma energética volverán esas canonjías.

Qué tiempos aquellos, dirán los actuales alcaldes, cuando sus antecesores de esa época se daban el lujo de anunciar las obras que ejecutarían con esos fondos.

Otra de las causas de la pobreza en las arcas de los municipios es la excesiva deuda que enfrentan, producto de la irresponsabilidad en el manejo del gasto de quienes ocuparon antes esos cargos.

Pero querer trasladar los problemas financieros de sus municipios a los ciudadanos, mediante la cómoda generación de un nuevo impuesto por el alumbrado público, que además es muy malo pese a estar concesionado, es algo que no tiene justificación, ni jurídica, ni administrativa, ni política.

Decepciona que usen la Asociación Metropolitana de Alcaldes para tratar de hacer creíble una propuesta que, de aprobarse, sería un atraco a los bolsillos ciudadanos y una medida contra el que cualquier juez concedería amparos masivos.

Olvidan que el impuesto predial es el tributo de los ciudadanos al municipio en que habitan, sin contar que el SAT nos grava por ganar un sueldo, por comprar, por tener automóvil y por un largo etcétera.

El colmo es que hasta Mauricio Fernández, el alcalde del municipio que presume tener los mejores niveles de recaudación en el país, apoye cobrar por el alumbrado público.

Tal vez ya calculó que sería más rentable y aparentemente más legal que la cooperación voluntaria que en algún momento se pedía para la nómina de los rudos.

javier.sepulveda@milenio.com