Panóptico

Candidaturas y egoísmo político

Vienen semanas intensas para las dos principales fuerzas políticas del estado, con el trabajo de parto -si se nos permite la expresión- para definir candidatos a la gubernatura, pero a diferencia de hace seis años, las circunstancias son muy distintas.

Del lado del PAN, parecen tener muy claro que Margarita Arellanes será la candidata a la gubernatura, aunque el retiro de Mauricio Fernández de la contienda interna se antoja prematuro, dada la escasa preferencia por el resto de los precandidatos.

En el juego interno panista sin Mauricio, la candidatura de Margarita se verá como una mera designación, lo que es conocido en el PRI vulgarmente como dedazo, porque no habrá comparsas como en su momento las tuvieron procesos internos priistas como los que definieron las candidaturas de Carlos Salinas, Sócrates Rizzo o Natividad González Parás.

No será fácil el reparto de posiciones entre los grupos del PAN, que velarán más por sus intereses que por el objetivo central de ganar la gubernatura. Igual que en 2009: el egoísmo político, la arrogancia y falta de humildad podrían llevar a la derrota.

Tampoco deben olvidar en el PAN que el Presidente de la República y las delegaciones federales ya no son de su partido. La maquinaria priista está de regreso y busca el carro completo.

Por el lado del PRI, en Nuevo León esta vez no se repetirá el modelo de presidente panista en Los Pinos que dejaba a los grupos de poder locales definir al candidato a gobernador. Gracias a ese relativo vacío, Natividad González Parás pudo ser candidato dos veces y ganar la gubernatura en el segundo intento.

También logró arreglar su sucesión sin interferencias y retener sin problemas la gubernatura con un candidato que se hizo desde cero y hoy es el gobernador.

Ahora los grupos locales del PRI deberán someterse al poder central en un proceso con precandidatos de sobra, aclarando que ninguno de ellos es comparsa, todos están buscando la candidatura en serio.

Pero parece que los empresarios de Nuevo León y el presidente Enrique Peña Nieto tienen al mismo precandidato, lo que resolvería la mitad de la elección.
La otra mitad se definirá por los intereses de grupo y el egoísmo político. Ganarán quienes hagan la mejor campaña, que no necesariamente significa la o el mejor candidato.

javier.sepulveda@milenio.com