Panóptico

Brigadas, encuestas y engaños

Las campañas rumbo a la gubernatura han entrado en una nueva fase, con las brigadas de crucero en las que grupos de jóvenes ondean banderas con los logos del partido o la coalición que promueven y las fotos de la candidata o el candidato.

Vale preguntarse si son voluntarios o se trata de brigadistas a sueldo, contratados principalmente por el PRI y el PAN, los dos partidos que utilizan este recurso en decenas de cruceros del área metropolitana.

Si el financiamiento está auditado tan rigurosamente por las autoridades electorales, habría que investigar si este tipo de propaganda se contabiliza o si será uno de los agujeros negros en las finanzas de las campañas, que podría registrarse como acciones de difusión con voluntarios.

Otro punto que se supone muy bien acotado por la autoridad electoral es el de las encuestas, ya que algunos candidatos comenzaron a utilizar entrevistadores que visitan casa por casa, solicitando responder unos datos sobre las elecciones para gobernador.

Y cuando alguien les abre la puerta y acepta ser entrevistado, viene la sorpresa: se presentan como encuestadores para la campaña de determinado candidato y en su vestimenta y sus mochilas llevan los logos del partido político.

En realidad no se trata de una encuesta, sino de un operativo de detección de simpatizantes y promotores del voto mediante la solicitud del nombre y el domicilio del entrevistado, así como del partido político al que pertenece o por el que votaría.

Si el entrevistado menciona un partido distinto al que identifican la mochila y la vestimenta del encuestador, sólo se registran los datos personales.

En el caso contrario, le preguntan si tiene credencial de elector, le piden que la muestre y comienza una entrevista más amplia para invitarlo a ser promotor del voto el 7 de junio.

Son dos acciones para las que se recluta a verdaderas legiones de jóvenes y son tareas de propaganda que seguramente no son voluntarias.

El reto de las autoridades electorales es averiguar el costo que implican las brigadas de crucero y las encuestas, pero también dictaminar si éstas últimas tienen un objetivo estadístico.

De no ser así, se trata de manipulación del voto, lo cual puede configurarse como un delito electoral.


javier.sepulveda@milenio.com