Panóptico

La Alianza y los perros sarnosos

Culpar a terceros de los males que nos aquejan es una práctica común de la naturaleza humana, como ocurre en este momento con un problema de salud pública convertido en noticia morbosa.

En la colonia Alianza Real, ubicada en Escobedo, uno de los barrios consentidos por la ex secretaria de Desarrollo Social, Alejandra Rangel, una epidemia de escabiosis en niños y adultos, vulgarmente conocida como sarna, generó una demanda de atención urgente por parte de los habitantes del sector.

Mientras en sus oficinas de la Secretaría de Salud, el médico secretario Jesús Zacarías Villarreal Pérez anunciaba la aplicación de la Encuesta de Salud y Nutrición 2015 en casi siete mil viviendas de Nuevo León, una brigada de esa dependencia atendía en La Alianza Real los casos de escabiosis mediante tratamientos dermatológicos y las recomendaciones de higiene personal de los afectados.

Nadie se atreve, sin embargo, a decir que la sarna es una de las enfermedades sintomáticas de la pobreza extrema que se conjuga con la falta de servicios públicos, como agua potable y drenaje sanitario, y en el caso de los infectados, se asocia con cuadros de desnutrición, hacinamiento y falta de higiene.

En suma, las epidemias de sarna que cunden entre los más vulnerables, entre los pobres, se propagan ya por todo el continente.

Hurgando en los portales de noticias del resto de Latinoamérica, encontramos epidemias de sarna en países como Bolivia, Venezuela y Argentina, en donde admiten que la alta incidencia está ocurriendo en las comunidades más castigadas por la pobreza y en el caso venezolano, los médicos no encuentran ni siquiera medicamentos veterinarios para atacar la enfermedad, debido a la falta de divisas.

Pero como en Nuevo León nos da pena admitir que la escabiosis es el reflejo del desempleo y la pobreza extrema, preferimos culpar a los perros callejeros, por lo que decenas de animales recogidos por la perrera municipal de Escobedo serán sacrificados como escarmiento público contra la sarna.

Mientras este tipo de sufrimiento urbano es cada vez más cotidiano en el área metropolitana de Monterrey, las campañas políticas terminaron con un derroche escandaloso de recursos públicos y privados gastados en nombre de la democracia. Los pobres pueden esperar…

javier.sepulveda@milenio.com