Panóptico

Alguien miente… y Silvia no es

María Elena Chapa, presidenta del Instituto Estatal de las Mujeres, fue muy puntual y muy sensata al ser cuestionada sobre la revelación de Silvia Mirella González, de que su ex esposo Jaime Rodríguez la golpeaba: que asuma las consecuencias.

Chapa conoce desde hace muchos años a El Bronco, y es una de las mujeres que más afecto le guardan porque fueron compañeros de Legislatura en el Congreso del Estado, en donde encabezaron el famoso G3, un grupo que se mantuvo muy al margen del resto de la bancada del PRI en la 68 Legislatura, de 1997 al 2000.

Fueron aliados en uno de los peores tiempos para el PRI en Nuevo León, porque en el 97 perdieron la gubernatura, cuando el panista Fernando Canales Clariond derrotó a Natividad González Parás.

Pese a su gran afecto por El Bronco, María Elena Chapa no duda ni un momento en aceptar la denuncia de su ex esposa, a quien también conoce de hace muchos años, cuando Silvia era una activa militante priista y directora de Atención a la Juventud en Monterrey y Sócrates Rizzo, su jefe, era el alcalde, hace ya más de 25 años.

En aquel tiempo Jaime era un influyente miembro de la Confederación Nacional Campesina de la que, con una campaña fresca y original y el apoyo de su entonces novia Silvia, logró llegar a la dirigencia estatal y luego escalar a una diputación federal.

Hoy tratan de desacreditar la lucidez de su ex esposa, su capacidad de discernimiento y su inteligencia, incluido su propio ex marido, bajo la frase compasiva de que “está enferma”, pero cometen un acto ruin, de desprecio, discriminación y desconocimiento del padecimiento de Silvia González: esclerosis múltiple.

Basta conversar un poco con ella para darse cuenta de su capacidad intelectual intacta, pese a su andar pausado por las secuelas de una enfermedad que por fortuna, ya logró detener.

No se puede desacreditar a la ex esposa de El Bronco por hacer pública su vida privada. Pese a que muchos puedan no estar de acuerdo, ella tiene derecho a decirlo.

Muchas mujeres lo hacen luego de callarlo por años, porque significa una catarsis, la liberación de un lastre. Claro que la mayoría no tienen por ex marido a un candidato.

Quienes conocen desde siempre a Silvia y a Jaime, como María Elena Chapa, saben quién miente. Y Silvia no es.

javier.sepulveda@milenio.com