No robarás

“No robarás”.

Séptimo mandamiento de la ley de Dios

La corrupción en México es un mal arraigado que carcome al país hasta los huesos, frena su desarrollo y perpetúa la pobreza. Como ciudadanos vivimos y contemplamos con una increíble naturalidad esta cultura en donde robar es el pan de cada día.

Les refresco estas frases por todos conocidas, pública y socarronamente aceptadas como parte del argot, la cultura y de la vida política en nuestro país:

De Álvaro Obregón:

“Nadie resiste un cañonazo de 50 mil pesos”.

“Aquí todos somos un poco ladrones. Pero yo no tengo más que una mano, así que yo sólo robo la mitad”.

De Hank González:

“Un político pobre es un pobre político”.

Y las otras muchas igualmente cínicas que se han convertido en texto y norma de uso corriente:

 “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”.

“El año de Hidalgo, &*!?+$%... el que deje algo”.

“El que no transa no avanza”.

“No pido que me den sino que me pongan donde hay”.

A los ciudadanos comunes y corrientes como usted amable lector y como yo que trabajamos duro y pagamos impuestos, impuestos que duelen, no nos gusta ver cómo ese dinero que es sagrado se vaya derrochando y diluyendo escandalosamente en un río de deshonestidad, ineficiencia, nepotismo y corrupción.

Nunca es tarde para empezar a llamar a las cosas por su nombre:

Exigir dinero para conceder obras, es robar.

Contratar las obras a varias veces su valor para lucrar con la diferencia es robar.

Pedir mochada para “gestionar” presupuestos, es robar.

Subirse el sueldo y auto otorgarse grandes bonos, choferes, camionetas, viáticos, oficinas y abultadas gratificaciones y aguinaldos, es robar.

Comprar terrenos baratos e inviables para venderlos caros y construir los  servicios lejos de la ciudad, es robar además de complicarle la vida a los mexicanos.

Ocupar un puesto público sin tener la capacidad ni el perfil, es robar y si son maestros peor aún porque les roban a miles de niños y jóvenes que pasan por sus aulas las posibilidades de prepararse para la vida.

Pagar favores de campaña privilegiando intereses privados sobre intereses públicos, es robar.

Usar el poder en forma discrecional para premiar a los simpatizantes y castigar a los opositores, es robar.

Comprar a los medios de comunicación para tapar coladeras y manipular la información, es robar.

Reducir los estándares de calidad en las obras para incrementar las ganancias ilícitas, es robar.

Lo que hicieron Sergio Fajardo en Medellín y lo que han hecho aquí también los políticos honorables que sí los hay y los ha habido, son muestra clara de que cuando desde el inicio las cosas se hacen con orden, con planeación y con honestidad las obras se multiplican, los beneficios saltan a la vista y las ciudades y la sociedad florecen.

La promesa de acabar con las tepocatas, las víboras prietas, las arañas ponzoñosas y otras alimañas que hay en el gobierno que nos llevó a votar por Fox con un entusiasmo nunca visto, (promesa que para nuestra total decepción no cumplió), está ahora más vigente que nunca en el ánimo de todos los ciudadanos.

Ahora que vienen elecciones, los partidos políticos deben saber que no nos gusta que nos roben, que hay en la ciudadanía un hartazgo, una irritación acumulada, un enojo contenido, una tolerancia rebasada, les aseguro que en estos tiempos de marketing político, no hay mejor forma de ganar votantes que escoger personas preparadas y honorables como candidatos para ocupar los cargos públicos.

Todas las tomas de protesta van rubricadas por un juramento rara vez cumplido y más rara vez demandado por el pueblo: “Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen… y si no lo hiciere, que el pueblo me lo demande”.

Quizá con nuestro voto y nuestra complacencia les hemos dado carta blanca a los políticos para que tomen el presupuesto como botín y nos ha faltado como ciudadanos ser mejores vigilantes y críticos de lo que hacen las autoridades. Quizá por pereza o comodidad no hemos hecho valer los privilegios que nos otorga la ley de transparencia y como pueblo no hemos demandado a las autoridades que han violado el juramento.

Quizá debiéramos hacer un mayor uso de los juicios públicos en las plazas exhibiendo a los políticos deshonestos obligándolos a renunciar o a meterlos a la cárcel, ya que la justicia mexicana perdona invariablemente a los políticos rateros, (los musulmanes les cortan las manos a los ladrones). Lo cierto es que si queremos una nación próspera y moderna, si queremos ver florecer a nuestra sociedad y nuestras ciudades, si queremos el México que nos merecemos, debemos extirpar cuanto antes este cáncer que nos está matando aceleradamente como país.

Como lo cantaba la activista Joan Baez en los 70:

“Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella”. 

Presidente del Iplaneg

javier.hinojosa@me.com