No somos iguales

“¿Para qué nos sirve toda esta libertad

si no podemos reformar nuestro

sistema social que está lleno de

desigualdades, discriminación y otras

cosas, que entran en conflicto con

nuestros derechos fundamentales?”

Bhimrao Ramji Ambedkar

Jurista, político, filósofo,

antropólogo, historiador y

economista Hindú.

Vivimos hoy en día en el mundo una creciente, acelerada y aparentemente irreversible tendencia de acaparamiento de la riqueza en cada vez menos individuos.

Es paradójico que ahora que el hombre cuenta con máquinas que tienen la fuerza y la capacidad de miles de individuos, cosa que por sí sola debiera ofrecer a toda la humanidad un mayor bienestar con menos trabajo, nos encontremos dentro de una igualmente creciente, acelerada y aparentemente irreversible tendencia de crecimiento del número de pobres y desempleados en todo el mundo.

Los datos que les comparto a continuación nos dan una idea de la magnitud de esta situación:

De los 194 países del planeta, 50 empresas acumulan más riqueza que 100 de estos países juntos.

En 1976 en Estados Unidos el 1% más rico ganaba el 9% del total de los ingresos del país, hoy en día este mismo 1% se lleva el 24%.

La riqueza de Estados Unidos se estima en 54 Trillones de dólares, de los que el 1% más rico es dueño del 40% de esta riqueza, mientras que el 40% más pobre comparte tan sólo el 2% de esos trillones. Recuerdo cómo mi padre me hablaba de la gran clase media estadounidense, hoy eso es cosa del pasado, su clase media hoy es tan sólo una fracción de aquella.

Aunque México como país tiene mucho menos riqueza que Estados Unidos, en cuestión de desigualdad no se queda atrás, 14 de los hombres más ricos del mundo son mexicanos, incluyendo al más rico, y de acuerdo a la OCDE, la desigualdad social en México con sus 60 millones de pobres, es la segunda más alta de los países que integran el organismo.

De acuerdo a la revista Forbes, los 11 mexicanos más ricos para el 2011 habían atesorado una fortuna cercana a los 112 mil 300 millones de dólares, es decir, alrededor del 10% del Producto Interno Bruto (PIB) del país, o dicho de otro modo estas 11 personas tienen un millón de dólares por cada mexicano, más de lo que ganan al año los 60 millones de pobres juntos.

Existe un índice ideado por un italiano denominado Gini y que va del 0 (igualdad perfecta) al 1 (desigualdad total), de acuerdo a este los países nórdicos y varios de Europa central con un índice menor a .25 son los más igualitarios, en el otro extremo 4 países africanos con índices superiores a .60 son los más desiguales, México anda arriba del .50.

Guanajuato con 2.5 millones de pobres, de los cuales 390 mil viven en pobreza extrema es el sexto estado con mayor número de pobres en el país.

Aunque México es la 14ª economía del mundo, más de la mitad de su población es pobre, no es pues un problema de generación sino de distribución de la riqueza.

Este fenómeno perverso no es gratuito y nadie nos escapamos como causa y efecto del mismo, con la caída del muro de Berlín se desmoronó un sistema utópico que buscando la igualdad sólo multiplicó el número de pobres y que, ya sin su contrapeso dio paso a la voracidad sin freno que vivimos con este neoliberalismo que propicia esta siniestra y progresiva acumulación de dinero y agrava la creciente desigualdad entre los hombres.

Los Gobiernos son los encargados de paliar estas terribles desigualdades a través de leyes y obras que compensen y equilibren estas diferencias, no es fortuito que los países más ricos y educados de Europa sean los que tienen los índices de desigualdad más bajos en el mundo.

Hay mucho que podemos hacer para frenar esta tendencia: menos puentes y más y mejores escuelas, menos sindicalismo abusivo y arbitrario y más y mejores maestros, menos burocracia y más obra en zonas marginadas, menos obras para la minoría automovilista y más y mejor transporte público y vivienda digna en ciudades más compactas y humanas, menos corrupción y más y mejores servicios de salud y seguridad social, menos contrabando chino y más apoyo a las Mipymes que son las grandes empleadoras con más control a las poderosas transnacionales, más involucramiento del empresario en la vida familiar de sus trabajadores y mejores salarios acordes al incremento en la productividad de las empresas.

Antes de que el destino nos alcance debemos hacer lo que esté a la altura de nuestras posibilidades para frenar esta creciente, acelerada y aparentemente irreversible tendencia y orientarnos a forjar un Guanajuato más parejo.

*Presidente del Iplaneg

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