El día del alcalde

“La Naturaleza Divina nos dona la

tierra, el arte humano construye las ciudades”

Marcus Terentius Varro, polígrafo, militar y

 funcionario romano

Cuando un mexicano va a un restaurante y pide unos chilaquiles, conoce  perfectamente las especificaciones del platillo y sabe sin el menor asomo de duda cómo deben ser y lo que espera de éste, es por eso que cuando éstos no cumplen con las expectativas y al probarlos resultan desabridos o demasiado picantes, o aguados, chiclosos o duros, asume suficiente autoridad para reclamar y exigir sin reservas el cambio, llegando muchas veces hasta las últimas consecuencias y es que, en cuestión de alimentos, los mexicanos somos extremadamente rigurosos, más de una vez un asunto de esta seriedad mal manejado ha derivado al extremo de la disolución violenta de algún sagrado vínculo matrimonial. Sin embargo cuando hablamos de ciudad, el mexicano se conforma con lo que buenamente le quieran dar las autoridades, si no hay banquetas no hay problema, dócilmente camina por la tierra, los charcos y las piedras o se baja al arroyo vehicular y sortea los autos con su bebé en carriola o su abuelita en silla de ruedas, si anda en bicicleta, se arma de valor para torear los autos y por la noche le da las gracias a su ángel de la guarda por haberle permitido sobrevivir un día más la agresividad y falta de cuidado de los automovilistas.

Cuando abordan los desvencijados camiones urbanos que van atascados de gente y no pasan a la hora y no paran donde deben, simplemente agachan la cabeza y dicen “ni modo” y cuando los chamaquitos son atropellados como moscas jugando en las calles ante la ausencia de espacios y parques públicos seguros, se limitan a llorar y resignarse ante su triste destino.

Aunque la ciudadanía en Guanajuato ha venido paulatinamente tomando cierta conciencia de su derecho inalienable a vivir mejor y se ha dado cuenta de que las ciudades en las que vivimos dejan mucho qué desear y que su transformación no es sólo deseable sino necesaria e indispensable, dista mucho de que hoy en día contemos con una cultura ciudadana que nos permita compartir unas expectativas mínimas de ciudad y servicios y estamos aún muy lejos de sentirnos lo suficientemente empoderados de nuestro entorno como para exigirle a nuestras autoridades que instrumenten los cambios y transformaciones necesarias con una contundencia similar a la que ejercemos en los restaurantes y fondas cuando de chilaquiles se trata.

Desde el inicio de la presente administración se viene siguiendo la buena costumbre de realizar cada dos o tres meses una reunión en la que se congregan todos los alcaldes del Estado con el gobernador y el gabinete para tratar temas diversos. Este viernes 6 de junio tiene lugar una más de estas reuniones y para esta ocasión los consejeros ciudadanos del Iplaneg hemos sido invitados para abordar el tema de cómo transformar nuestras ciudades en ciudades más humanas y amables. Vamos como ciudadanos deseosos y exigentes de que la calidad de nuestras ciudades mejore de nivel, acudimos ante los alcaldes y las autoridades en representación de una sociedad cansada e impaciente que no acepta más excusas, demoras o trabas para que esto suceda en el corto plazo.

En el Iplaneg hemos hecho ya recomendaciones muy puntuales para que todos y cada uno de los proyectos que están por licitarse y ejecutarse este año y que tienen que ver con la construcción de ciudad, principalmente relativas a intervenciones de centros históricos, construcción de vialidades y carreteras, se apeguen a lineamientos básicos de distribución equitativa de los espacios de la vía pública dándole su lugar a peatones y ciclistas y previendo los espacios necesarios para el funcionamiento eficiente del transporte público.

Hacemos votos porque este día del alcalde verdaderamente pase a la historia de Guanajuato como el día en que las autoridades municipales tomaron conciencia de que los ciudadanos no estamos de acuerdo con la forma como han venido haciendo ciudad y piensen en aquellos a quienes se deben y asuman su responsabilidad en la necesidad y urgencia de implementar a la mayor brevedad transformaciones que tomen como eje a la persona cambiando para siempre y para mejor la forma en que vivimos y nos movemos.

Javier Hinojosa, Presidente del Iplaneg

javier.hinojosa@me.com