Cuando el destino nos alcance

“Si la gente destruye algo

reemplazable hecho por la humanidad,

les llamamos vándalos; si destruyen

 algo insustituible hecho por Dios, les

 llamamos desarrolladores.”

Joseph Wood Krutch, escritor y

naturalista norteamericano.

Durante toda mi infancia en mi casa bebimos agua de la llave, en aquel entonces vender agua embotellada era una locura impensable, por aquellos años, aquí en Guanajuato era posible bañarse, pescar e incluso beber del agua de la mayoría de los ríos, arroyos y veneros que regaban el corredor industrial. El auge y el progreso que trajeron consigo la explosión urbana junto con la industria en general y en particular la del calzado, la ladrillera, la refinería y la termoeléctrica en la región han cobrado un altísimo precio en términos de deterioro ambiental dejando en conjunto una estela de veneros secos, arroyos contaminados con aguas negras y desechos industriales, rellenos sanitarios mal ubicados, baja calidad del aire y pasivos ambientales como la montaña de 350 mil toneladas de residuos de Química Central al aire libre con sus altos índices del letal cromo hexavalente que, aunque parcialmente procesada, todavía permea sin freno hacia los mantos acuíferos de León, San Francisco y Purísima y de ahí a los organismos de miles de pobladores que enferman por no tener dinero para comprar agua embotellada.

Paralelamente en este mismo lapso, las ciudades en su crecimiento desmedido y desordenado han devorado miles de kilómetros cuadrados de suelo vegetal para cubrirse de asfalto, concreto, tabique y tepetate y poblarse de automóviles que inexplicablemente, después de más de un siglo de supuesta evolución tecnológica no han sido capaces de disminuir las emisiones de gases tóxicos y calientes a la atmósfera. El resultado es que, en el concierto mundial, Guanajuato también contribuye al desequilibrio ecológico, al desorden territorial y al calentamiento global.

Aquí en el estado, armados con una modesta infraestructura y desarticulados de las demás secretarías, el Instituto Estatal de Ecología (IEE) que opera con un modesto fondo ambiental (FOAM) producto de los ingresos de la venta de las calcomanías de las verificaciones, y la Procuraduría Ambiental y de Ordenamiento Territorial (PAOT) con recursos aún más modestos, cada quien por su lado, luchan con lo que pueden para tratar de enderezar esta anarquía restaurando los errores acumulados y anticipando el reto que se está derivando de la exitosa política de fomento económico reciente y que traerá consigo una nueva oleada de empresas e incremento poblacional en el corredor que ya nos está rebasando y que, de no atenderse adecuadamente resultará en más desorden territorial y más desequilibrio ecológico.

No pretendemos en este artículo resolver la multitud de aristas que componen estos temas tan apremiantes como complejos, me propongo por lo pronto y por lo menos, poner el tema sobre la mesa puntualizando su importancia y delinear algunos apuntes que, sin ser exhaustivos, seguramente abonarán a su eventual solución:

1.- Colocar el tema en el vértice de la agenda pública y ciudadana.

2.- Trabajar de común acuerdo IEE-Iplaneg-PAOT favoreciendo la transversalidad con el resto de las dependencias.

3.- Integrar, ordenar, simplificar y actualizar las leyes y normas existentes sobre el tema para elaborar una reglamentación sencilla, clara y precisa.

4.- Exigir a las empresas el cumplimiento ambiental a través de la contratación, a su cargo, de empresas certificadoras avaladas por la PAOT.

5.- Abrir una ventanilla única a través de la cual empresas locales y extranjeras, grandes, medianas y pequeñas puedan ser orientadas y acompañadas en todos los procedimientos y requisitos a cubrir para instalarse.

6.- Incrementar el Fondo Ambiental a través del cobro de las calcomanías de verificación a la mitad de los autos del estado que aún no se han verificado.

7.- Involucrarnos como ciudadanos educándonos desde nuestros hogares, escuelas y empresas separando la basura y entrenándonos en el arte de cuidar lo que tomamos y regresamos a nuestro entorno.

8.- Crear un Observatorio Ciudadano que nos permita saber en dónde andamos y cómo vamos a través de una batería de indicadores de monitoreo.

La realidad es que la velocidad con la que el progreso y las fuerzas de la economía avanzan es mayor que la velocidad con la que estamos reaccionando para abatir el funesto impacto ambiental que conlleva, muchas veces como empresarios, presionados por la necesidad de hacer las cosas rápido y ser rentables nos resistimos a pagar las inversiones en tiempo y costo que implica ser empresa limpia y ajustarnos a las restricciones de los usos de suelo.

Si hay alguien a quien culpar es a cada uno de nosotros que en nuestra medida contribuimos a este desequilibrio ecológico, desorden territorial y calentamiento global y si hay alguien que puede cambiar esta situación es precisamente cada uno de nosotros, si no lo hacemos estaremos a la vuelta de que el destino nos alcance y heredemos a nuestros hijos un desorden ecológico de proporciones apocalípticas.

javier.hinojosa@me.com