Vacaciones en Colombia

“Le devolvimos la dignidad a

un pueblo que antes sólo recibía

migajas y encima las agradecía”.

Sergio Fajardo

La última vez que estuve en Colombia fue por el año 1975 en un recorrido que hice con un amigo durante todo un año por Sudamérica montados sobre una Combi sin más intención que la aventura juvenil. Los recuerdos que guardo de ese país son los de un lugar alegre y bullicioso de gente que habla bien el español, de jóvenes atractivas, de sinuosas y deterioradas carreteras surcando ríos y montañas de exuberante vegetación de un tan intenso color verde que yo lo bauticé como “verde colombiano”.

Éste fin de año decidimos vacacionar en familia una semana en las ciudades de Bogotá y Medellín con el objetivo adicional de constatar todas las maravillas que nos han venido contando tanto los personajes colombianos que han venido a decirnos lo que han hecho y como lo han logrado, como los muchos funcionarios locales que se han paseado por allá desde Fox y de cómo estas ciudades se han convertido en modelo de urbanismo, movilidad y desarrollo en un país con características no muy distintas a las nuestras.

Nos movimos todo el tiempo en transporte público, en los Atos amarillos que como enjambre circulan por toda la ciudad y en los taxis Uber, esos que pides desde una Aplicación desde el celular, lo que nos permitió escuchar todas las rumbas de moda por la radio y conversar de cerca con los conductores.

Lo primero que me llamó la atención fue la amplitud de las avenidas, aún con el omnipresente Transmilenio, el sistema de transporte público con buses en carriles dedicados y carriles dobles en las estaciones, dan para contener el río de automóviles en múltiples carriles y todavía dejan espacio para las banquetas que generalmente son bastante anchas.

El sistema de movilidad en Medellín combina metro, metro bus y metro cable, un sistema de teleféricos de gran calidad que permiten acceder a las colonias marginadas enclavadas en los cerros y, de ahí llegar en 15 minutos con una maravillosa vista de las montañas, a la espléndida reserva del parque Arvi. En general los tiempos de espera son muy cortos, una sola tarifa aplica para toda la red, sorprende la limpieza impecable de todas las estaciones ausentes de graffiti, colillas, chicles o basura y algunas de ellas cuentan incluso con estacionamientos para bicicletas.

Nos habían recomendado visitar el Parque de los Pies Descalzos y vimos cómo una placita de 50 x 50 metros cubierta con arena de mar, con baños públicos, dos espejos de agua y una fuente en cascada eran suficientes para llevarles un pedazo de las playas de Cartagena al corazón de Medellín y hacer la delicia de chicos y grandes en la ciudad. Como éste encontramos parques, calles peatonales y la gran banqueta a la orilla del río Medellín en donde están por hacer una intervención espectacular techando algunos de los seis carriles de la avenida, no para hacer un segundo piso para autos, sino para crear el padre de todos los parques lineales a lo largo de la orilla del río que cruza la ciudad.

Aunque los cerros colindantes han sido invadidos por asentamientos irregulares de casas de madera y lámina acanalada, es mucho lo que tenemos que aprender de los colombianos para salir del nudo en que se encuentra nuestra industria de desarrollo de vivienda ya que ellos, a través de esquemas de financiamiento favorables e inducción y leyes para normar la conducta en los edificios han logrado que la mayoría de la gente, ricos y pobres, viva en edificios de apartamentos que van de 10 a 20 pisos, generando densidad, cercanía y detonando los eficientes sistemas de transporte público masivo que los caracteriza.

Otra cosa que me llamó la atención fue que encontramos en varios sitios populares, campañas de valores y de educación, cabinas con sonido en espacios públicos para tomarse la foto y aprender de personajes como Gandhi, Luther King, la Madre Teresa o Mandela. En Medellín quien hace las obras es EPM Empresas Públicas de Medellín, no vi partidos políticos disputándose la autoría de las obras.

A mí me falta mucho por contarles y a ellos desde luego todavía mucho por hacer, sin embargo regresamos con una gran admiración por el puñado de ciudadanos honorables y preparados metidos a políticos, que con voluntad, honradez y talento han logrado cambiar para bien ciudades de un país carcomido hasta los huesos por el narcotráfico y la violencia y mitigado en gran medida las desigualdades que prevalecen en un país similar al nuestro y nos preguntamos si nuestros funcionarios sólo han ido como yo a vacacionar a Colombia. En palabras de Fajardo, es momento de devolvernos a los ciudadanos, acostumbrados a recibir y agradecer migajas, la dignidad y nuestro derecho a vivir en ciudades más humanas y sustentables.

Presidente del Iplaneg

javier.hinojosa@me.com