Promesas de campaña

“Favor con favor se paga.”

Refrán popular

Era una campaña como tantas, San Pancho ya tenía una tradición de alternancia, las contiendas políticas eran siempre apretadas y la batalla se libraba con fiereza en la ciudad y en cuanta comunidad, ranchería o caserío hubiera a la vista, no podía dejarse lugar sin visitar, era una guerra sin cuartel, luchando casa por casa para conseguir el voto anhelado que los llevaría al triunfo, los candidatos no podrían vivir con la conciencia tranquila si dejaran ese voto que podría ser el que hiciera la diferencia y los alejara del sueño de poder sentarse en la silla presidencial y todo lo que ello representa: la histórica foto junto a los antecesores, la oficina en el palacio municipal, la Suburban con chofer y escolta y todo el encanto del aparato que acompaña hoy en día a los presidentes municipales no importa cuán modesto sea el municipio.

El Tejocote con sus 12 casas no era la excepción, aunque perdido en medio de la nada y alejado kilómetros de la comunidad más cercana, los vecinos reciben a los candidatos con los brazos abiertos y las manos llenas de peticiones: “oiga, no tenemos luz…”

- Yo les prometo que con su voto tendrán luz, no faltaba más.

Un año después el cubetazo de agua fría: Sr. Presidente le informamos que entre postes, cables, transformadores y alumbrado, llevar energía hasta El Tejocote ¡cuesta 5 millones de pesos!

…Y entonces viene el dilema, ser o no ser, cumplir la promesa dedicando el 5% del apretado presupuesto de todo el municipio a las 12 casas del Tejocote, o quedar como un mentiroso, las dos opciones son terribles, al final ni modo, la palabra empeñada pesa más: ¡Que se haga la luz en El Tejocote!.

Como ésta, se van haciendo promesas improvisadas al bote pronto a lo largo de las campañas que luego, sin sustento alguno de planeación, se transforman en inversiones de los programas de gobierno.

Paralelamente para ganar las elecciones se necesita, el apoyo de los militantes para la interna y después dinero, mucho dinero para pagar los gastos y la publicidad, las bardas, los espectaculares, los pendones, y los volantes con la imagen de estudio del candidato seguro y sonriente, el perifoneo, las playeras y las cachuchas, los globos, matracas y manitas de plástico para aplaudirle al candidato, los insertos en la prensa, las banderas y las camionetas pintadas, el sonido y la banda que le toca las dianas, una que otra comilona a la que se arriman solícitos y sin ser invitados los demás candidatos a diputados o senadores en las que se muestra que no hay miseria y que, al menos una vez cada tres o seis años los ciudadanos somos tomados en cuenta y que nuestro voto vale. A última hora la compra de votos el día de la elección pagadero contra la foto en el celular de la boleta tachada correctamente.

Todo esto genera fuertes pasivos políticos que son religiosamente pagados: a los militantes con puestos en la administración, el perfil es irrelevante, es un compromiso y los candidatos son agradecidos y tienen palabra, a los generosos donadores reconociéndoles el pasivo y llegado el momento, el favor recompensado con creces, no es un gasto, ¡es una inversión!, se comentará con convicción.

Son muchas, sin embargo las promesas importantes, que brillan por su ausencia en las campañas de este costosísimo circo tri-anual: terminar de conformar y dar continuidad a los planes para construir con orden promoviendo el crecimiento dentro de las ciudades, resolver con acierto las graves deficiencias del transporte público que se sufren día con día, promover los estacionamientos para sacar a los carros de la vía pública en los centros históricos para cederle a peatones y ciclistas los espacios amables y seguros que merecen y de paso mejorar el comercio y el turismo en la ciudad, crear los parques y jardines para el solaz y esparcimiento de todos, mejorar las desvencijadas escuelas, intervenir con acupuntura urbana las colonias marginadas con centros comunitarios de buen nivel, crear los espacios deportivos para apartar a los jóvenes de la tele y de las drogas, construir las plantas de tratamiento de aguas y de residuos sólidos y tantas necesidades que debieran ser la esencia de los discursos y las promesas de campaña y fiel de la balanza en la decisión del voto.

En lugar de prometer al vapor o echar por tierra lo ganado por el alcalde anterior, se requiere en cada municipio de un puñado de gente eficiente, capaz y preparada, ajena a los vaivenes políticos, sin más compromiso que resolver los problemas con profesionalismo dando continuidad a un plan de ciudad a largo plazo que contenga los sueños y las aspiraciones de todos.

Hay un enorme pasivo contraído con esta sociedad mexicana que ha sido extremadamente paciente y generosa, hemos legitimado a una clase política que por decenios sólo ha dejado una estela de ocurrencias, burocracia, despilfarros, corrupción y desorden.

Es tiempo de exigir como sociedad a los partidos políticos que nos presenten candidatos que conozcan y sigan los planes para construir las ciudades ordenadas y funcionales que merecemos.

* Presidente del Iplaneg

javier.hinojosa@me.com