Los Post-it y los Consejos Ciudadanos

“La democracia es un concepto

 audaz - una esperanza de que

 vamos a estar mejor gobernados

 si todos nosotros participamos en

los actos de gobierno. Está destinada

 a ser una conversación, un

 lugar donde la inteligencia y el

conocimiento local de los electores

se suma en conjunto para

llegar a acciones que reflejen la

participación del mayor número

posible de personas”.

Brian Eno, compositor inglés

Spencer Silver era un químico que estaba trabajando allá por los años 70 en la empresa 3M en crear un súper pegamento que sirviera para pegar aviones. Algo ha de haber hecho bastante mal porque en su lugar le salió un pegamento muy bueno pero que ¡apenas pegaba! Silver se dedicó a comentar su producto a todos sus compañeros para  que le ayudaran a encontrar un uso a su fallido invento y no quedar tan mal parado con sus superiores, sin que a nadie se le ocurriera nada interesante.

Años después Art Fry, un compañero de trabajo que era además integrante de un coro de iglesia, tenía el problema de que siempre se le perdía el papel que usaba como separador de las páginas de su libro de cánticos. Se acordó del petardo de Silver y embarró un papelito amarillo con el mentado pegamento viendo que se podía despegar con facilidad sin estropear las páginas de su libro de cánticos, por lo que dedujo que podría resultar útil para fijar papeles de manera permanente sin dañar las superficies donde fuesen adheridos.

Después de un arduo y largo camino de investigación y desarrollo para perfeccionar el adhesivo, de pruebas y estudios de mercado pero sobre todo de tenacidad para convencer a la organización y a los superiores de que estos papelitos podrían ser un gran producto para la empresa, unos años después demostraron que 90 de cada 100 personas a las que le habían obsequiado el pequeño cuadernillo estaban dispuestos a pagar para comprarlo, solo entonces dio la empresa el banderazo para la comercialización masiva del producto. Lo demás es historia, hoy en día no hay escritorio en el mundo que no cuente con los omnipresentes papelitos amarillos.

Algunas empresas, 3M la más famosa en este sentido, han creado regímenes especiales que fomentan la investigación libre (bootlegging en inglés, algo así como investigación de contrabando) en el que le permiten a todos los empleados utilizar hasta el 15% de su tiempo en explorar alternativas innovadoras de posibles productos o negocios, de manera que sin recursos formales, de una forma un poco conspirativa, los empleados motivados empiezan a innovar y a luchar por que sus inventos lleguen al mercado.

Varias cosas importantes se leen en este episodio ya clásico de la literatura empresarial, la primera es una cultura de apertura, estimulación y libertad hacia la innovación en todos los niveles dentro de la empresa, lo segundo que se aprecia es que no basta con tener buenas ideas sino que es necesario que quienes las tengan luchen por ellas por todos los medios a su alcance, demostrando su potencial hasta lograr penetrar la dura coraza jerárquica, que si bien está abierta a escuchar propuestas de toda la organización, exigen les lleguen lo suficientemente robustas y digeridas como para tomar decisiones como en este caso, del lanzamiento de los papelitos engomados.

Me viene a la mente este clásico episodio de la historia de la industria porque he tenido la oportunidad de participar a lo largo de mi vida en innumerables consejos y me he percatado de lo difícil que es para los ciudadanos hacer que nuestras ideas lleguen a oídos de las autoridades responsables así como para las autoridades filtrar del montón de ocurrencias, muchas de ellas improcedentes, aquellas que pudieran tener un verdadero peso como para ser tomadas en cuenta e implementarlas. Esto termina por generar una gran desmotivación de los ciudadanos que de buena fe se integran y participan en los consejos y ven cómo sus propuestas se congelan y se archivan indefinidamente en el escritorio de algún oscuro funcionario para terminar firmando sin convicción ni voluntad proyectos en cuya instrumentación nunca participaron, sintiéndose utilizados en un proceso de legitimación cuestionable e involuntaria de decisiones ajenas tomadas de antemano. Más de una vez he escuchado comentarios de consejeros del tipo: “no sé que hago en este consejo si mi opinión nunca es tomada en cuenta por las autoridades”.

Mucho tenemos que hacer nosotros como ciudadanos para ser más profesionales en nuestros planteamientos, para empaparnos más de los problemas que nos aquejan y asegurarnos que las propuestas y proyectos que presentamos son sólidos y están bien sustentados. Mucho tienen que hacer las autoridades para ser más atentas, abiertas y receptivas a las propuestas de los consejos ciudadanos. Mucho es lo que puede hacerse desde el Iplaneg para revisar, filtrar y en su caso refinar propuestas que vengan por igual de sociedad o gobierno a fin de garantizar, antes de que se tomen las decisiones, que van de la mano de los planes y estrategias de desarrollo del estado.

Cristalizando las palabras del cantante inglés, en donde la democracia nos da la esperanza de estar mejor gobernados si todos nosotros participamos en los actos de gobierno.

* Presidente del Iplaneg

javier.hinojosa@me.com