Pertinencia

"Si queremos que los niños tengan éxito, tenemos que traerlos de vuelta a la educación, haciéndola relevante para ellos y dándoles más aprendizaje de servicios y educación vocacional".
Michael Gurian, escritor y filósofo social norteamericano.

En una visita que hice en mi juventud a una familia norteamericana, tuve oportunidad de convivir con ellos, así como con sus parientes, vecinos y amigos, algo que llamó mucho mi atención en ese momento fue conocer a un buen amigo de ellos, güero, alto y fuerte que llegó bien vestido en una pickup impecable, cuando le pregunté a que se dedicaba me dijo con naturalidad: I'm a bricklayer, ...Yo soy un albañil. Un abismal contraste entre la típica imagen que yo tenía del pobre, sucio y desarrapado albañil mexicano y la persona del mismo oficio con la que estaba platicando, no creo que él pusiera mejor o peor los tabiques que sus colegas de este lado, pero de lo que sí estoy seguro es que estaba mejor preparado, tenía mucho mayores ingresos, mejores contactos y contaba con mejor equipo y herramental que su contraparte mexicana. Lo mismo puede decirse de tantos otros oficios indispensables como los de fontanero, electricista, carpintero, panadero, cocinero, barrendero, guardia, jardinero, herrero, heladero, pizzero, cortinero, pintor, salvavidas, colectivero, maquinista, peluquero, hojalatero, portero, jardinero, chofer, mecánico, sastre, tintorero, cerrajero, mesero, mucama, costurera, modista, camarera, niñera, lavaplatos, etc.

La diferencia estriba en que mientras en otras partes del mundo se prepara a los jóvenes de manera formal para desempeñar muchos de estos oficios haciéndolos más profesionales, dignificados y mejor remunerados, aquí no sucede así, no hay educación formal para la mayoría de estos, son trabajos de segunda, (o de tercera como en el caso de los albañiles) y sus "changarros", si los tienen, contrastan con los aseados y coquetos locales tan típicos de las ciudades europeas.

Podríamos preguntarnos ¿Cómo es posible que cuando necesitamos un fontanero, electricista o mecánico no haya uno a la mano y los que eventualmente llegan, las más de las veces hacen un trabajo mediocre dejando de paso un tiradero?

¿Cómo es que se invierten cantidades inmensas de dinero en "educación" y tantos niños y jóvenes abandonen la secundaria sin saber apretar un tornillo, cambiar un foco, diferenciar una llave española de una de estrías, cortar el pasto, cambiar una llanta, poner un tabique, tender una cama, lavar vidrios o platos, pintar un muro o sembrar una planta?

¿Cómo es que en un estado como el nuestro con vocaciones tan claramente definidas y cacareadas como: moda textil-calzado, turismo, automotriz y agroindustria, no se enseñe desde temprana edad lo que es una máquina de coser, que es un torno o cómo se sueldan dos láminas, cómo se tiende una cama y se pone una mesa o que se debe sembrar y cómo se riega por goteo y en otras vocaciones igualmente características, cómo se maneja el barro, el latón, el cobre o la madera para fabricar artesanías o cómo se ajusta una bicicleta?

En Alemania el 40% de los estudiantes a los 15 años ingresan a una escuela de oficios de la que salen con un diploma y habilidades suficientes para ejercerlo profesionalmente ya sea de manera independiente o trabajando en alguna fábrica u oficina. Muchos de ellos acaban teniendo mejores ingresos que los mismos universitarios.

Después de cinco siglos de ser un estado eminentemente agrícola y 150 años de hacer zapatos, no hay una sola materia en los programas de educación básica que enseñe a los niños (y en prepa muy pocas a los jóvenes), los fundamentos de las actividades que han realizado sus ancestros por generaciones y que seguramente formarán parte de su vida adulta, y apenas ahora, en pleno boom del clúster automotriz, empezamos a preguntarle a los extranjeros, qué necesitan saber nuestros jóvenes para que los contraten en sus fábricas y no tengan que traer gente de otras partes. Por otra parte, están saliendo de nuestras escuelas muchos más enfermeros, abogados y criminólogos de los necesarios, para quienes no habrá vacantes disponibles en los años por venir.

¿Será posible, por ejemplo darle aún mayor uso a los costosos simuladores y tornos de control numérico de los IECAS, indispensables en el cluster automotriz, para que alumnos de preparatorias y universidades técnicas también tengan oportunidad de manipularlos y puedan egresar mejor preparados?

Yo creo que es tiempo de replantear la vigencia de nuestro caro e ineficiente modelo de educación lineal (en el que basta perder un eslabón en la cadena del aprendizaje de matemáticas para bloquear por completo su posible carrera, sin ofrecer opciones para ponerse al corriente), abstracto, cerrado (el maestro habla y el alumno escucha) y unitalla (mismo modelo para todos) que expulsa a los jovencitos a la calle a temprana edad sin haberles dejado herramientas y habilidades mínimas para enfrentarse a la vida y el trabajo sin ofrecerles alternativas intermedias, por uno más flexible, más práctico y más acorde y pertinente con la idiosincracia de nuestro pueblo y las vocaciones de la región y de la localidad.

Es tiempo de revisar los programas de estudios que se imparten desde la secundaria y en los diversos subsistemas de nuestra educación media superior a fin de articularlos, complementarlos y rezonificarlos, tomar las experiencias de las pocas escuelas de oficios que hay como el CIPEC en León y el mismo IECA ampliando e impulsando el abanico de opciones no universitarias en cursos cortos que le pueden cambiar la vida a miles de estudiantes frustrados.

Es tiempo de preparar a los miles de jóvenes que, de todas maneras no quieren o no pueden seguir estudiando, para que aún terminando temprano su educación cuenten con habilidades pertinentes y suficientes para cubrir funciones prácticas e indispensables para la industria y la sociedad, ejerciendo exitosamente oficios muy demandados de una manera más digna y mejor remunerada.

javier.hinojosa@me.com
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