Apropiarnos de los clústers

“Un clúster es una agrupación de

empresas e instituciones relacionadas

entre sí, pertenecientes a

un mismo sector o segmento de mercado,

que se encuentran próximas

 geográficamente y que colaboran

 para ser más competitivas.”

Michael Porter

La razón por la cual vivo en Guanajuato es porque hace como 30 años, siendo yo impresor, se me ocurrió fabricar zapatos tenis lo que me forzó a viajar continuamente entre la Ciudad de México donde yo vivía y la ciudad de León, donde se encontraban todas las materias primas, mi poco exitoso paso por este oficio no duró más de tres años pero me sirvió para conocer León y los pueblos del Rincón y enamorarme del lugar al grado de quedarme a vivir aquí y entender el dicho aquel de “zapatero a tus zapatos” al darme cuenta de las serias dificultades que implica el fabricar zapato, esto me hizo valorar y respetar a los muchos zapateros prósperos que he conocido.

Sin embargo no fue sino hasta apenas el martes pasado que mi señora y un servidor nos dimos a la tarea de recorrer por vez primera las bulliciosas calles del Coecillo, una nueva e interesantísima experiencia para ambos, conocer el mercado de La Luz  un mercado limpio y ordenado donde se exhibe una variedad interminable de pieles, caminar el barrio bravo, zapatero, emprendedor, el Gran Bazar de los materiales para el calzado, esta vez con el objetivo de explorar las posibilidades de vender caja genérica de zapato a los miles de piqueros que acuden diariamente a boulevard La Luz, Héroes de la Independencia y calles intermedias, a comprar piel, suela, horma, plantilla, sintéticos, herrajes, implementos de serigrafía y, desde luego, las imprescindibles cajas de cartón.

Se siente en el ambiente la efervescencia de ésta ya muy antigua actividad que le ha dado sentido, carácter y fama al León de hoy en día y cuyo radio de acción se extiende a los pueblos del Rincón, en una cadena que parte desde el curtido de las pieles y la fabricación de las materias primas hasta la distribución en todo el país y el extranjero, en la que miles de familias de todos los niveles viven, luchan, sudan, se acomodan, emergen, crecen, prosperan, fracasan y vuelven a empezar, viajan, copian, diseñan, mejoran, inventan, perfeccionan, exhiben, compran y venden. En todo momento se palpa lo autóctono de una actividad que les pertenece y que a pesar de los vaivenes políticos y económicos y los zarpazos de los chinos, prevalece más fuerte y arraigada que nunca.

Por el otro lado tenemos de factura más reciente, el floreciente e impresionante clúster automotriz, gigantes de la industria han vuelto los ojos a nuestro país y a nuestro estado aprovechando la cercanía con los Estados Unidos, la magnífica infraestructura  carretera, ferroviaria, portuaria y aérea con que contamos, las facilidades y subsidios que les ha otorgado el gobierno, así como una mano de obra barata y moldeable, de manera que en unos cuantos años, tenemos ya en el corredor un rosario de armadoras fenomenales que colocan a Guanajuato y a México como un jugador importante en el concierto global de la industria automotriz.

Sin embargo, a diferencia del clúster del calzado, el sector automotriz resulta más distante y ajeno, da la sensación de que tenemos visitantes extraños en casa, los mexicanos no hacemos carros mexicanos ni motores de combustión interna, los compramos por montones, nuevos y usados, los arreglamos cuando se descomponen y les acondicionamos accesorios y chucherías muchas también de manufactura extranjera. La aventura más cercana que hemos tenido de fabricar automóviles en el país ha sido la fallida gestión de un grupo de empresarios regiomontanos que en 1963 compraron la fábrica en bancarrota de automóviles Borgward.

Tenemos enfrente un gran reto y una gran oportunidad, podemos quedarnos como estamos, proveyendo tierra y mano de obra barata y beneficiarnos, como hasta ahora, de una parte minúscula de la derrama económica del sector, de la mano con una oferta académica pertinente en la región, muchos industriales podríamos, sin dejar nuestra actividad principal, empezar por irle perdiendo el miedo a los tornos de control numérico y a las arduas y engorrosas certificaciones e ir diversificándonos, de la fabricación de artículos de piel y sintéticos a la de vestiduras, de la inyección de plástico para suelas y accesorios a la inyección de partes automotrices, de la fabricación de moldes y hormas a la fabricación de autopartes y de ahí a sub-ensambles, explorar y experimentar las muchas mejoras que se pueden hacer a los motores para reducir las emisiones contaminantes, e ir creando una industria local que pueda sobrevivir a los vaivenes de la economía mundial y en el proceso romper el paradigma de la construcción de costosos autos de lujo por vehículos diferentes más austeros, versátiles, económicos y menos contaminantes, más de acuerdo a nuestras necesidades, y cuando se vayan estas empresas no queden sólo naves vacías y hordas de desempleados, como sucedió en Detroit.

Es tiempo de irnos apropiando del clúster automotriz con la misma pasión y eficacia con la que, en su momento, nos apropiamos del clúster del calzado.

* Presidente del Iplaneg

javier.hinojosa@me.com