Agua pura y basura

"Hoy en día es lo más natural comprar una botella de agua en las ciudades, aunque de los grifos salga agua limpia. Si en 1965, alguien te hubiera dicho que en 30 años ibas a comprar agua en botellas de plástico y pagar por ella más que por la gasolina, todo el mundo te hubiera visto como si estuvieras completamente loco".
Paul Watson, ambientalista canadiense, defensor de los derechos de los animales, escritor y autor.

Yo, mi familia, los mexicanos y prácticamente todo el mundo en la época de mi infancia crecimos tomando agua de la llave, era obligación de los sistemas de agua "potable" de las ciudades suministrar agua "potable" en todas las casas, era lo más natural, tomábamos el vaso, lo enjuagábamos, lo llenábamos de cualquiera de los grifos y nos la tomábamos sin mayor preocupación, en la escuela hacíamos cola para tomar agua de los muchos bebederos que había en el patio. Es probable que en nuestros intestinos juguetearan entonces una mayor cantidad de bichos de los que los que tenemos actualmente, pero no recuerdo haber asociado alguna vez una enfermedad con esa práctica.

Cuando llegué a San Francisco del Rincón hace 30 años, continué con esa costumbre hasta que las frecuentes infecciones intestinales y diarreas me hicieron ver que el agua de la llave estaba dañando mi salud, fue entonces cuando empecé a tomar agua de garrafón y más adelante en botellas de plástico de todos tamaños, cosa que me parecía sana y conveniente. Después de escribir "El siniestro viaje de una botella de plástico al océano"(1) mi percepción de esta práctica dejó de ser la misma. Hoy en día cada vez que veo una de esas apetecibles botellitas de agua, de la mano de una sugestiva publicidad de chicas esbeltas y vida saludable soy consciente de que, una vez que haya saciado mi sed, esa inocente botellita se integrará a los millones de millones de botellitas en todo el mundo que van a parar a las montañas de basura en los rellenos sanitarios donde se generarán lixiviados tóxicos que tarde o temprano permearán al subsuelo contaminando los acuíferos, o seguirán el siniestro viaje al océano donde se unirán a los colosales parches de basura que crecen día con día.

Adicionalmente, la creciente contaminación de ríos y mantos acuíferos ha ocasionado que millones de personas que no tienen la posibilidad de pagar esta agua cara, tomen agua contaminada de la red, provocando desde malformaciones y deficiencias en los recién nacidos hasta serias enfermedades crónicas en muchas partes del mundo y desde luego, de nuestro querido Guanajuato.

Existen varias maneras prácticas y sencillas de salir de este círculo perverso: desde luego la más económica y conveniente es la de regresar al agua pura en las redes municipales exigiendo a los Sistema, Juntas o Comités de Agua Potable que garanticen su potabilidad; consumir agua potable en garrafones retornables de 20 litros por $25 o $30 o bien recargar por $10 o $12 los garrafones de 20 litros en un despachador de agua purificada cercano, negocio que poco a poco va ganando terreno. Últimamente han proliferado los fabricantes de estas micro plantas purificadoras quienes dan facilidades para adquirir los equipos convirtiendo esta actividad en un emprendimiento alcanzable para muchas familias. Un conocido que fabrica estos aparatos me comentaba que, vendiendo desde $3 el garrafón se puede pagar la máquina en seis meses. Desde luego es necesario regular esta actividad para asegurar la pureza del líquido.

Ciudades enteras como Salamanca, y colonias y comunidades marginadas cuyas aguas están contaminadas por empresas químicas y curtidoras, donde niños y adultos padecen enfermedades desde el nacimiento deberían contar con puntos de abasto de agua purificada. Beber agua pura no tiene porque ser un privilegio de clase, es un derecho inalienable, no encuentro actividad más importante para las autoridades que la de dotar de agua pura a todos los ciudadanos.

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