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La revancha de los contreras

Conectada por trenes, puertos, carreteras y aeropuertos. Compuesta por múltiples lenguas que se entrelazan y cambian en pocos kilómetros de distancia, marcada por las cicatrices de guerras que son un recuerdo permanente de lo inhumano. Así, Europa ha estado unida desde hace décadas por una bandera que puso fin a muchas disputas, sin que ningún país renunciara a sus costumbres, idioma o idiosincrasia. La Unión Europea fue el inicio de la era global.
Esta unión surgió del reconocimiento que las generaciones de la posguerra tuvieron para compartir objetivos comunes, que permitieran generar un desarrollo más equilibrado en su continente, estableciendo un complejo sistema de gobierno multinacional que borró fronteras físicas y económicas para enfrentar la globalización con mayores ventajas.

En el 2008, la crisis que afectó a los países de la región, tuvo en el desempleo su manifestación más compleja; millones de jóvenes tenían pocas oportunidadesde trabajo, y gracias al acuerdo provocado por eficientes sistemas de seguridad social, salud y bienestar, lograron que con algunos sobresaltos, el dinamismo de su economía se recuperara poco a poco.

Sin embargo, en el camino surgieron nuevos discursos radicales; las intenciones independentistas de algunas comunidades españolas, destacando Cataluña, la presión entre acreedores y deudores cuando Alemania impuso un duro programa de ajuste en Grecia, e inclusive crisis de gobernabilidad recurrentes, como en Italia.
Si bien la decisión democrática que tomó el pueblo británico debe respetarse sin ningún tipo de reserva, el impacto sobre el escenario mundial es mayúsculo. Estamos sin duda, ante el primer sobresalto del siglo XXI, en donde parecía que los países avanzaban hacia escenarios de integración económica total. De pronto, parece que volvemos a una etapa anterior, en donde lo único que cambia para el Reino Unido será el aislamiento que podría cambiar su destino.

El populismo nacionalista encontró tierra fértil en la nación que defendió a Europa en sus peores momentos del siglo pasado, pero que ahora la abandona para redibujar sus fronteras definidas por el propio mar. Ahora, deberá también enfrentar el resultado que en Irlanda del Norte, Escocia y el mismo Londres, podría generar problemas aún mayores de los que buscaron resolver, si es que existían. Resulta ilustrativo que los más viejos fueron quienes decidieron apartar de Europa a las nuevas generaciones, contagiados por alguna melancolía que por lo menos a mí me resulta absurda, pero contreras al fin, reivindicando una revancha contra la globalización, cuyo destino final es ahora incierto.

México anunció medidas inmediatas: un recorte presupuestal, presupuesto superavitario en el 2017 y la precaución frente a embates especulativos contra el peso. La fortaleza de la economía mexicana en sus variables fundamentales volverá a ser determinante para enfrentar este nuevo escenario de turbulencia global que pondrá a prueba a todos.

La lección ahora es que la democracia siempre es el arma más poderosa que tiene cualquier sociedad para cambiar el rumbo, al mismo tiempo que el populismo es la tentación que avanza peligrosamente, envuelta en banderas y sin más ideología que acabar con el orden establecido, poniendo en riesgo el siglo en el que pensábamos que estábamos mejor más unidos.