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De la mexicana leyenda del “sí se puede” al “sí podemos”

En México somos expertos en acuñar frases que permanecen por años en el lenguaje colectivo y se convierten en gritos de guerra. Por ejemplo, hace algunos años surgió el melodramático "sí se puede" en los estadios de fútbol, ante la inminente derrota de nuestra selección, pero poco a poco apareció en campañas políticas, en las gradas de las escuelas y no con menor frecuencia hasta en el entorno familiar. Esa leyenda de "caballo que alcanza gana" es parte de la idiosincrasia que los mexicanos tenemos muy arraigada; ganar significa todo, pero ir perdiendo y eventualmente, contra viento y marea, ganar, vale doble.

En lo personal, siempre he criticado aquellas historias que nos hacen ver débiles, ya sea como país o como individuos. Siendo un apasionado aficionado al fútbol, he sufrido como casi todos las desgracias de los penales de último minuto, los árbitros injustos y los técnicos tercos que no nos escuchan. Con estas experiencias, debo reconocer que me cuesta trabajo entender el "sí se puede".

En Tlalnepantla, hace algunas semanas, tuvimos una Feria de Empleo para personas con discapacidad y adultos mayores, como parte de los esfuerzos que el Gobernador Eruviel Ávila realiza para favorecer la plena inclusión de todos los mexiquenses a nuestro mercado de trabajo.

En estos eventos, empresas de clase mundial protagonizan una búsqueda frenética por la mano de obra extremadamente dedicada de aquellos que algunos ven como diferentes, pero que en la práctica tienen un gran potencial productivo. Las personas con discapacidad cuidan su trabajo, se capacitan y son altamente productivos, y en este sentido, los espacios de trabajo que se han abierto poco a poco se justifican no solo por las políticas públicas que hoy ciertamente contribuyen a vincular mejor este mercado, sino principalmente por el esfuerzo colectivo de estos grupos de atención prioritaria.

En esta feria, una señora emocionada me explicó que su hijo, con problemas de audición, había estudiado muy duro pero no había modo de que encontrara trabajo; tenía 25 años y estaba muy deprimido. Después de escucharla, le pedí la oportunidad de invitar a su hijo a usar el sistema VALPAR que tenemos en Naucalpan, utilizado para evaluar aptitudes laborales, y posteriormente a través del programa "Abriendo Espacios" impulsado por el Presidente Peña Nieto, pudimos hacer posible el que su hijo tuviera un trabajo digno, decente y formal.

Con el gran esfuerzo hecho por esta familia, reflejado por un chavo que nunca bajó los brazos, y también por las políticas públicas exitosas llevadas a cabo por el Gobierno, a partir del próximo 15 de abril un mexiquense más tendrá las herramientas para ser más productivo.

No soy fan del "sí se puede", pero a raíz de esta experiencia, desde ahora me gusta mucho más lo que significa hacerlo con trabajo en equipo. Esta idea debe ser usada como sociedad para abanderar lo hecho por estos grupos que merecen más oportunidades y que están esperando un espacio. De esta manera, este esfuerzo debe convertirse en una voluntad de todos: en un "sí podemos".