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La gasolina y los costos de no hacer

Cuando en el año 2000 empecé a trabajar en la Secretaría de Energía, desde entonces las cartas estaban echadas. El sector energético mexicano comenzaba a mostrar el rostro de una crisis que llegaría en algunos años. En ese momento las reformas eran urgentes; había que generar más electricidad y debíamos, ya en esos años, entender que la crisis de los hidrocarburos tendría tintes complejos.

Explotábamos rápidamente los yacimientos sin adecuadas tasas de reemplazo, las cadenas de producción de los petroquímicos estaban viviendo momentos de práctica desaparición y la refinación no era rentable; comprar gasolina en el exterior era la solución. Comprar petroquímicos caros era conveniente, ya que depender fiscalmente de la renta petrolera era una forma de equilibrar el presupuesto, y desde entonces, lo que nunca fue posible fue darnos cuenta que el modelo se iba a agotar.

No tuvimos reformas, no hubo acuerdos. Solamente tuvimos diagnósticos que siempre apuntaban hacia lo mismo: en el futuro tendríamos un problema, y sí, ahora lo tenemos. Liberar el precio de la gasolina es un paso que en algún momento debíamos dar para deshacer décadas de políticas energéticas ancladas al presupuesto. No había mercado, solamente existían "otras razones", y estas nunca tenían que ver con la realidad.

Hoy, la realidad es que el precio de la gasolina en el mundo ha subido, y en México no estamos produciéndola. Hoy, sin duda, invertir en subsidiar 200 mil millones de pesos para mantener el precio de un producto resulta irracional. Por ejemplo, Prospera, los Comedores Comunitarios, las pensiones de los adultos mayores y en números redondos, los programas que opera Sedesol y que benefician a 40 millones de mexicanos, los que más lo necesitan, tienen un mayor sentido que subsidiar el precio de la gasolina.

Ante el complejo escenario internacional, México tenía que hacer cuentas, y el gobierno ajustó su gasto en 190 mil millones de pesos y se eliminaron 20 mil plazas del gobierno federal. Así, el presidente Peña Nieto sigue tomando decisiones responsables en un país en el que parece que no nos acordamos de dónde venimos ni por qué pasan las cosas, muchas de ellas originadas en las decisiones que no tomamos hace casi dos décadas. Nos tardamos todos estos años en darnos cuenta que el tiempo se nos acababa, y curiosamente festejan y alientan el desorden los mismos que desde entonces han dicho que no a todo.

No sé cómo explicar los saqueos en las tiendas o los bloqueos en las carreteras. No sé cómo se castiga a quienes son irresponsables en las redes sociales, y no sé cómo todo lo que hace el gobierno está mal a los ojos de los críticos. Lo que sí sé es que en estos tiempos que vivimos, la violencia no es ni será el modo de resolver absolutamente ninguna cosa.