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Hay que echarle montón

La gran apuesta en materia de seguridad en nuestro país se llama mando único. En este concepto confluye una visión para abandonar un sistema disgregado y vertical, difuso y poco ordenado, por un modelo que a partir de la coordinación suma todos los esfuerzos de los cuerpos de seguridad entorno a entidades más robustas. En ellas, el control de confianza, la información, estrategia, inteligencia y prevención son elementos esenciales frente al crimen organizado. La exigencia ciudadana es muy clara: debe existir una fuerza capaz, igual de organizada.

En esta semana que termina, el gobernador Eruviel Ávila anunció la puesta en marcha del mando único en el Estado de México, con la adhesión de 118 de los 125 municipios de la entidad, y en donde previsiblemente, pronto estarán integrados la totalidad de los mismos.

Este paso es un gran ejemplo de lo que hace la política cuando suma entorno a un objetivo común, ya que más allá del origen de los gobiernos municipales, esta decisión ilustra que el camino por recorrer tiene una sola vía que parte de una estrategia nacional. De hecho, el gobernador aprovechó el momento para exhortar al Senado de la República para que por fin pasemos de tener más de 2 mil policías municipales a tener 32 corporaciones con plenas capacidades operativas.

Las políticas públicas tienen sentido cuando dan resultados y cuando pueden generar confianza entre la población. Por eso, el mando único es fundamental; por un lado, ofrece eficiencia y eficacia, y por el otro, también establece un combate frontal contra la corrupción. Nada lastima más a los ciudadanos que enfrentarse al crimen sabiendo que no hay quien los defienda, que existe impunidad o que la corrupción de las propias corporaciones en ocasiones hace más daño que el mismo crimen organizado.

El secretario general de Gobierno José Manzur dio a conocer importantes cifras que dan cuenta de avances reales en los últimos meses. De acuerdo al Sistema Estatal de Seguridad Pública, la incidencia delictiva por cada 100 mil habitantes experimentó una reducción de 18 por ciento entre 2014 y 2015, destacando una caída de 37% en la extorsión y de 24% en homicidio.

Estas realidades son las que son atacadas frontalmente por el mando único, que más allá de cualquier consideración, es hoy la mejor carta que tenemos para enfrentar los retos y desafíos en materia de seguridad.

Es la coordinación interinstitucional, la unidad, la colaboración y la confianza que hacen del disminuir los índices delictivos una meta alcanzable. Si reconocemos que juntos podemos dar mejores resultados a los ciudadanos, echándole montón al crimen organizado podremos superar el gran reto que tenemos. Lo mejor es que las bases institucionales para lograrlo están cobrando forma, y a pesar de la complejidad del estado más grande del país, hoy nuevamente ponemos el ejemplo que puede ayudar a construir un mejor entorno de seguridad para todos.