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SEDESOL sin corrupción

La corrupción es un mal que se va metiendo en todos los tejidos de la sociedad. Por momentos, se vuelve una costumbre cultural y en otros un medio ante la incompetencia de las instituciones; ante sus costos, que son exorbitantes, todos los estudios la señalan como una causa de lento crecimiento, además de ser el factor determinante que inhibe la inversión.

En México, hemos diseñado en los últimos años instituciones y reglas exhaustivas para combatir este mal, y tristemente, los resultados todavía son desalentadores. La corrupción parece triunfar con lujo de impunidad y es una preocupación permanente. A menudo, parecería que la corrupción solo aparece desde el gobierno, pero la realidad es que su origen y por tanto, su combate, es responsabilidad de toda la sociedad; es absurdo pensar que los discursos sin acciones vayan a modificar conductas.

Por lo tanto, la única manera de avanzar es teniendo mano firme, para así desaparecer la impunidad y usar todas las herramientas que hemos construido para librar esta lucha. En este sentido, el viernes pasado en el marco del Día Internacional contra la Corrupción, el Secretario de Desarrollo Social Luis Miranda anunció medidas extraordinarias tras detectarse un fraude cometido en el Programa 65 y más. El anuncio es una medida en el sentido correcto, ya que se han presentado siete denuncias en contra de 498 personas que presumiblemente cometieron desvíos que son inaceptables.

Nada es más reprobable que usar programas destinados a aliviar la condición de personas necesitadas para robar, y nada más preocupante que a pesar de las reglas complejas de los programas, gente insensible todavía encuentre recovecos que desvían, lastiman y lesionan. El viernes fue entonces un día importante, porque la familia SEDESOL es muy grande y la convicción de su equipo es siempre servir a quienes menos tienen. Por la tarde, bajando por el elevador, los compañeros unánimemente me dijeron sentirse orgullosos que hayamos llegado hasta el fondo del asunto; se sentían tranquilos de saber que no habría impunidad y me pidieron que llegáramos hasta las últimas consecuencias.

A veces olvidamos que son más los servidores públicos patriotas, honestos y con vocación. Somos más los que pensamos que este país merece que las cosas funcionen, simplemente bien como debiera ser, y por eso, cuando actuamos con determinación en algo que lastima a todos, pero para empezar, ofende a los propios servidores públicos, avanzamos en la dirección correcta sin el discurso gastado. Es mejor con la mano firme que debemos de tener.