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Revoluciones

La de México, iniciada en 1910, fue la primera revolución social de nuestros tiempos. Su resultado le dio a nuestro país un nuevo orden, a partir de una Constitución que recogía el esfuerzo liberal del siglo anterior, pero que incorporaba en su texto el reconocimiento tácito de un país que se estaba desarrollando, pero lo hacía cada vez de manera más desigual.

En esos años, teníamos una nación que buscaba modernizarse y empezaba su urbanización e industrialización, pero al mismo tiempo estaba dejando atrás a muchas personas que no podían alcanzar el bienestar; sencillamente no encontraban señal alguna de prosperidad posible en el orden que se había establecido. Por ello, la Constitución consagró en 1917 derechos fundamentales de todos los mexicanos, desde la educación y la salud, hasta la incorporación de preceptos en materia laboral que parecieron durante décadas estar labrados en piedra.

Definitivamente, el México de inicios del siglo XX era un país en donde la pobreza y la marginación azotaban a la gran mayoría de la población. El hambre era algo de todos los días, mientras que la ausencia de escuelas y hospitales, explotación laboral, dispersión y falta de oportunidades marcaban a la gente.

De esta manera, el círculo de la pobreza era insalvable. Algunos datos sugieren que, por ejemplo, tres de cada cuatro mexicanos no sabían leer ni escribir, e inclusive, la esperanza de vida no superaba los 31 años de edad, lo que hablaba de la salud de la población. Lo más grave, era que las constantes sequías afectaban al 85% de los mexicanos que basaban su alimentación en el maíz.

Sin embargo, aquel país de tan solo 15 millones de habitantes, se ha convertido en una nación de 120 millones, y la pobreza que era absoluta en ese entonces, hoy tiene un espectro diferente. Tan solo este año, 1.5 millones de personas saldrán del rezago educativo, mientras que otros 6.6 millones de estudiantes tienen ya acceso a servicios de salud. Asimismo, hoy los Comedores Comunitarios entregan 1.1 millones de raciones diariamente, fomentando la integración social.

Poco a poco, la visión de justicia social de hace cien años, ha ido incorporando diversos derechos durante las últimas décadas, destacando la protección de la seguridad social, el acceso a la educación básica, consolidado hacia finales de siglo, y el derecho a un patrimonio digno y seguro. Estos logros han permitido que hoy la política social tenga que ver con superar carencias y garantizar derechos que deben ser ejercidos por los ciudadanos con plenitud.

La revolución mexicana es el origen de la política social mexicana. Por ende, así como fuimos el primer país que construyó un nuevo contrato social a partir de la pobreza y desigualdad dolorosas, hoy somos también un Estado que mide la pobreza de manera multidimensional, donde atacamos sus causas más profundas y diseñamos políticas públicas a partir de un reconocimiento fundamental: la pobreza no puede ser destino. En ese sentido, se puede y debe superar, por lo que coordinando esfuerzos lograremos avanzar más rápido.

El presidente Enrique Peña Nieto, ha generado un ánimo institucional renovado en torno a la política social. Los programas sociales se han ido ciudadanizando cada vez más, y a través de la Cartilla Social, rendimos cuentas a los ciudadanos en un ejercicio sin precedentes. Mejor aún, tenemos la tecnología y la información para que cada vez que trabajamos contra la pobreza, aseguremos generar resultados tangibles. No hay duda, falta mucho por hacer y avanzar, pero hoy más que nunca, estamos avanzando en la dirección correcta.