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Relámpagos de agosto

La democracia moderna es la suma de muchos principios de convivencia que se entrelazan de manera más o menos armónica, cuyo mecanismo de cohesión son los resultados de la política pública; vivir mejor o no, así de simple. La otra cara de la moneda, la demagogia, encuentra tierra fértil en el discurso fácil y oportunista, en la propuesta absurda, en la descalificación constante y en el engaño simple y llano a la gente.

Bajo esta óptica, la convención republicana y la de los demócratas en los Estados Unidos, en las últimas dos semanas, nos han dejado ver que en la democracia americana, por mucho el valor más arraigado de su sistema de vida, se encuentra como nunca antes en una encrucijada. La misma ha volteado la mirada de todo el mundo al proceso político que se desarrolla en una arena convulsa, entre tiroteos, ataques terroristas, inestabilidad económica mundial y ahora, la elección en Estados Unidos que nos mantendrá al filo de la navaja hasta noviembre.

La convención republicana confirmó la nominación de Trump, cuyo mensaje más importante fue confirmar el muro, llamar al encono y mostrar a un país lleno de inconformidad. Hablando en primera persona, se presentó a sí mismo como el salvador del sueño americano, en donde claro, no pueden ni deben caber todos, solo caben algunos.

Trump está decidido en usar el enojo de la clase media y convertir la elección de noviembre en un referéndum para refundar a Estados Unidos bajo una óptica muy apartada de la globalización, y peor aún, lejana de los valores que en aquel país construyen ciudadanía. Es de llamar la atención, que ningún expresidente republicano vivo apoyara su candidatura, lo que debe entenderse simplemente como la descalificación absoluta a su capacidad.

Por otro lado, esta semana aparecieron los discursos memorables en la arena demócrata, con Michelle Obama, Joe Biden, el Presidente Obama, quien para mi gusto dio un discurso redondo, Bill Clinton y Bernie Sanders, quien con el sello socialista no abandonó su reclamo y puso nuevamente en la agenda el tema de la desigualdad y la pobreza, señal de que en nuestro vecino país las cosas toman un nuevo giro.

Todos, junto con la candidata Hillary, atacaron a Trump, hablaron de un país lleno de esperanza y de que juntos son más fuertes, descalificaron los muros y más allá, plantearon a la reforma migratoria como una necesidad urgente para Estados Unidos.

Las cartas están puestas en la mesa y agosto será determinante, porque parece que arrancan esta etapa empatados en las preferencias. Cada uno tiene un diagnóstico y soluciones completamente diferentes, no hay puntos comunes, no hay nexos ni lugares de coincidencia. Hay dos caminos distintos y hasta excluyentes, dos visiones que parten de y llegan a sitios distintos.

En medio, el mundo será espectador de esta elección en donde todos nos estamos jugando algo. Al final del día, gane quien gane, Estados Unidos parece vivir un punto definitorio para su futuro, en donde por democracia o por demagogia, las cosas simplemente no podrán volver a ser como eran antes.