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Pobreza a la baja

Durante la semana, se presentó el Informe de Evaluación de la Política de Desarrollo Social 2018, documento que destaca los avances y pendientes que tenemos en la lucha contra la pobreza.

Sin duda, este y otros esfuerzos que realiza el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) resulta fundamental para los distintos niveles de gobierno, ya que, para progresar, necesitamos evidencia e información para tomar decisiones con responsabilidad.

Si bien, como menciona el informe tenemos todavía grandes retos por superar, la lectura que hacemos desde el sector social es favorable: la actual administración federal pudo, a través de una política social de Estado, revertir tendencias negativas y acelerar aquellas que ya contaban con una trayectoria favorable.

En primer lugar, la pobreza disminuyó en términos relativos entre 2012 y 2016, es decir, tomando en cuenta el crecimiento poblacional.

Si bien en un periodo más extenso, entre 2008 y 2016, se presentó también una caída, las cifras indican un quiebre en el año 2012. En los primeros cuatro años, el porcentaje de población en pobreza aumentó, pero en los cuatro posteriores disminuyó en 1.9 puntos porcentuales.

Del mismo modo, la pobreza extrema disminuyó en el periodo analizado.

Sin embargo, partiendo en dos el periodo, podemos ver que la caída del porcentaje fue más pronunciada en la segunda mitad; estamos hablando de un mínimo histórico, así como de un esfuerzo sin precedentes para coordinar esfuerzos y focalizar los programas sociales en beneficio de los mexicanos en esta condición.

Ahora, hablando de números y no porcentajes, cabe recalcar que la política social del presidente Enrique Peña Nieto ha tenido efecto en un aspecto fundamental: se ha frenado el ritmo de crecimiento de la pobreza.

Nuestro país creció en 5.7 millones de personas entre 2008 y 2012, y en 5.3 millones entre 2012 y 2016. Sin embargo, el crecimiento de la pobreza sufrió una caída importante; en el primer periodo creció en 3.9 millones, y en el segundo el incremento solamente llegó a 68 mil personas.

Aunado a este buen resultado, con el crecimiento de la población no pobre y no vulnerable ocurre una historia similar. En el primer periodo aumentó en 2.3 millones, pero en el segundo el crecimiento fue de 4.5 millones; se duplicó el aumento durante la actual administración.

Sobre la evolución de las carencias sociales, podemos decir que, si bien han tenido un comportamiento favorable desde hace algunos años, hoy podemos hablar de tendencias claramente a la baja e indicadores en mínimos históricos.

En buena parte, esto ha sucedido gracias a una mayor coordinación entre niveles de gobierno y entre dependencias del gobierno federal, y a la focalización de programas a través de la Estrategia Nacional de Inclusión.

Entre 2012 y 2016 tuvimos la mayor caída de la carencia por acceso a la alimentación, de alrededor de 2.8 millones de personas, en contraste con el aumento de 3.1 millones en los primeros cuatro años del análisis. Además, la carencia por acceso a la seguridad social disminuyó en 3.4 millones de personas en el segundo corte del periodo, frente a la disminución marginal de 700 mil personas entre 2008 y 2012.

Sobre las causas detrás de estas tendencias alentadoras, vale la pena enfatizar dos temas: la formalización del empleo y la recuperación del ingreso.

Entre diciembre de 2012 y el mismo mes de 2017,se crearon 3.4 millones de empleos formales; una cifra histórica ante el Instituto Mexicano del Seguro Social, que supera los creados en las últimas dos administraciones. Del mismo modo, la Tasa de Informalidad Laboral cayó 2.6 puntos porcentuales en los últimos veintiún trimestres.

La suma de ambos indicadores nos indica una ampliación importante de la red de protección social para millones de mexicanos.

En cuanto al ingreso, dos indicadores resultan favorables. Entre 2012 y 2016, el número de personas con ingreso inferior a la Línea de Bienestar Mínimo, lo equivalente al valor de la canasta alimentaria por persona al mes, disminuyó en 2.1 millones, dato que contrasta con el aumento de 4.8 millones entre 2008 y 2012.

Asimismo, el salario mínimo experimentó una recuperación del 20% en términos reales en los últimos cinco años; los mexicanos no habíamos vivido tal crecimiento en al menos treinta años.

Respecto a los pendientes, resulta indispensable sentar las bases para emprender un debate serio sobre cómo diseñar esquemas de seguridad social que profundicen la formalización del empleo. Una cifra que pone en relieve la importancia de este tema es que 11.4 millones de personas saldrían inmediatamente de la pobreza si superaran la carencia por acceso a la seguridad social.

Además, los responsables de la política social debemos trabajar sobre la coincidencia de esfuerzos para evitar la multiplicación de programas, así como el fortalecimiento de una red de cooperación para poder compartir información que nos permita llegar de manera más eficiente a las comunidades más vulnerables.

En conclusión, el cambio en el rumbo de ciertos indicadores y la consolidación de cifras relevantes en la lucha contra la pobreza se han dado porque hoy tenemos mejores mecanismos de coordinación, nueva tecnología que nos permite visualizar mejor las condiciones que enfrentamos y un mayor sentido de apropiación por parte de los beneficiarios de los programas sociales.

Las políticas públicas que atienden la pobreza en México están en un proceso de mejora continua que se nutre también desde la sociedad y, gracias a ello, hoy podemos decir que se está cambiando el rumbo de los indicadores más importantes en beneficio de millones.

Acabar con la pobreza en todas sus formas y cumplir con el compromiso del Estado Mexicano con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible está en nuestras manos, si seguimos fortaleciendo acciones que mantengan estas trayectorias y no dejen a nadie atrás.