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Los 33

Yo no había visto la película "Los 33", la historia real de los mineros chilenos que por más de 60 días estuvieron enterrados vivos en el desierto de Atacama. Todos sabemos perfectamente el final de la película; la gesta heroica de mineros que mantuvieron la esperanza, familiares que enarbolaron su causa, el rol de la tecnología y la cooperación de muchos países ante la dificultad. A su vez, se narra la terrible irresponsabilidad de la empresa y la respuesta de un gobierno que, como bien señala un diálogo presumiblemente del ex-presidente Piñera, podía enterrar en esa misma mina su continuidad.

Más allá de la emoción que genera la película, ésta nos permite reflexionar sobre el hecho que se enuncia al inicio: más de 12 mil personas pierden la vida en las minas anualmente en el mundo y se calcula que al año esta actividad concentra 8% de todos los accidentes de trabajo mortales, convirtiendo a este oficio en uno de los más peligrosos. Estos datos nos obligan a considerar el impacto de los riesgos de trabajo, que de manera cotidiana se presentan en las actividades productivas, y analizar sobre cómo los debemos enfrentar.

El esfuerzo que debemos hacer mundialmente para superar el círculo de accidentes, baja productividad y muerte, tiene que ver con nuestra cultura laboral. De repente, cuando viene el colapso de la mina e inicia el cautiverio de los 33, el encargado de la seguridad industrial llamado "Don Lucho" reconoce que no hay escaleras. Enseguida, los mineros se dan cuenta que apenas hay unas latas de atún y galletas en el refugio y que además el agua es escasa, suficiente para unos cuantos días.

Peor aún, la escena del intercomunicador descompuesto confirma la tremenda situación a la que se estarían enfrentando. El Ministro le pregunta a la empresa sobre sus esfuerzos y protocolos en materia de seguridad, a todas luces inexistentes, y así la desoladora situación a 700 metros bajo tierra obliga a examinar lo que se hace en los centros laborales para trabajar con seguridad y salud. También nos invita a recapacitar sobre las reglas que se debieron seguir para garantizar, en lo individual y lo colectivo, la integridad física de quienes trabajan, y frente a las reglas que no operaron, al final aparece la solidaridad y organización gregaria que bajo tierra mantuvo esperanzados a los mineros.

En ese escenario, el derrumbe repentino de una mina, muestra lo que son los riesgos de trabajo, que en muchas ocasiones, con la correcta difusión de una cultura de prevención, pueden limitarse y así evitar tragedias que pudieran suceder.

Por ello, en el Estado de México hemos trabajado con la industria minera y sindicatos para hacer un protocolo de inspección ejemplo a nivel nacional, impulsado por la administración del Dr. Eruviel Ávila. Dicho esfuerzo, en concordancia con la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, resaltó el espíritu de seguridad y bienestar para todos los trabajadores de forma eficiente e integral, además de que este instrumento consolidó el compromiso de la industria y del gobierno estatal con el medio ambiente y el futuro de nuestro entorno.

A su vez, las visitas de orientación e inspecciones han beneficiado a más de 169 mil trabajadores mexiquenses, en particular a los cerca de 5 mil 200 que laboran en una mina, y la tasa de incidencia de riesgos de trabajo cayó 12% entre 2013 y 2014.

Esa cultura de la prevención debe hacernos actuar coordinadamente, y desde el gobierno debemos reconocer que es más fácil inspeccionar que quemar taladros buscando superar misiones imposibles.