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Detrás de los números

En las últimas semanas, México ha tenido buenas noticias en el ámbito económico. Las más grandes calificadoras han mejorado su perspectiva sobre la economía, destacando la política macroeconómica que ha brindado estabilidad y certeza. Por otro lado, la Junta de Gobierno del Banco de México decidió mantener sin cambio el objetivo para la Tasa de Interés Interbancaria, pero quizá lo más importante ha sido la creación de empleos formales. Se ha mencionado en este espacio en otras ocasiones: no hay política social más poderosa que la generación de empleos dignos y decentes, ya que estos son los que realmente transforman la vida de una familia.

De acuerdo con los datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en la administración del presidente Enrique Peña Nieto se han registrado más de 2 millones 830 mil puestos formales, de los cuales más del 90% corresponden a los trabajadores permanentes y eventuales en las ciudades. Este dato es bueno por sí mismo, ya que indica que se están haciendo esfuerzos importantes en materia de formalización y que la política laboral ha logrado buena parte de sus objetivos, mediante un diálogo social que ha sido base del crecimiento antes mencionado. Sin embargo, hay que ver qué hay detrás de esta cifra histórica para entender mejor el impacto de la misma sobre el bienestar de las y los mexicanos.

De entrada, la cifra de trabajadores subordinados formales es cercana al número que hemos manejado, 2.8 millones. Ya sea por formalización o por nuevas plazas, la cifra se traduce en un verdadero paraguas que permite abatir diversas carencias sociales. El tener un empleo formal significa acceder a la seguridad social y a servicios de salud, así como a un crédito para la vivienda. También permite contar con un ahorro para el retiro, algo esencial en la estructura laboral que cambia todos los días y que eleva la edad para el retiro. En concreto, un empleo digno permite cambiar la inestabilidad por la certeza de poder ejercer derechos fundamentales.

Ahora, los beneficios de estas plazas formales no solo impactan al trabajador, sino a toda su familia. De acuerdo con la Encuesta Nacional de los Hogares 2016, uno de cada diez hogares en México es unipersonal, mientras que el promedio del tamaño del hogar es de 3.7 personas, relacionado con el promedio de residentes en la vivienda, 3.8. Es cierto, no todos los trabajadores tienen una familia con este tamaño. Pero usando estos parámetros, podemos decir que, basándonos tan solo en estos registros administrativos del IMSS, entre siete y diez millones de mexicanas y mexicanos viven mejor que en 2012.

Al final, eso es lo que más nos importa como ciudadanos: tener más herramientas para desarrollarnos. De eso se trata lo que hacemos todos los días en la Secretaría de Desarrollo Social y por eso es importante reconocer que mediante políticas como la laboral y la social, el Gobierno de la República impulsa acciones que abaten carencias y que permiten generar inclusión. Las cifras a veces parecen frías, pero cuando vemos lo que significan para millones de personas en su día a día, nos damos cuenta que tenemos razones para no bajar la guardia y seguir trabajando a favor de las mejores causas de México.