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Chalana de nadie

La fuerza productiva de las mujeres es fundamental. Si las mujeres no participan activamente en la economía, es complicado lograr vencer problemas de nuestra sociedad como la desigualdad, los círculos de pobreza y la marginación. Por eso, gran parte del cambio que necesitamos ver en la vida cotidiana de la gente tiene que ver con la inclusión laboral y la igualdad de oportunidades.

Es claro que los obstáculos para lograr estos objetivos son de toda índole, desde los más desafortunados, por costumbres y cultura, hasta los más complejos. Uno de ellos implica cambiar de mentalidad y aceptar una realidad fundamental: los hombres y las mujeres debemos tener las mismas oportunidades, reconociendo que las mujeres tienen una circunstancia adicional en la esfera de su vida privada, que es la responsabilidad de dar sentido y rumbo a la casa y a su familia.

En lo personal, me ha tocado ver de cerca la transformación que viven muchas mujeres cuando tienen la oportunidad de emprender y ser productivas. Me ha tocado ser testigo de cómo sí es posible cambiar de vida a través de la capacitación y del trabajo, y de cómo las circunstancias de madres solteras, jefas de familia muy jóvenes o de mujeres ya en la madurez de su vida, son transformadas radicalmente cuando deciden trabajar.

En las Escuelas de Artes y Oficios del Estado de México, se ha abierto una ventana que es sorprendente, donde las mujeres se capacitan, se organizan y emprenden, haciéndolo con orden, éxito y afortunadamente, de manera creciente. La visión de Eruviel Ávila sobre la participación de las mujeres ayuda decididamente a que en el gobierno podamos generar programas eficientes, para pasar de la ayuda o el subsidio, al emprendimiento y al autoempleo.

Esta visión es particularmente poderosa, porque después de las aulas de las Escuelas de Artes y Oficios, sigue el subprograma de Fomento al Autoempleo, y después vienen las cafeterías y fondas, los salones de belleza, los talleres de costura, las panaderías y las reposterías; surgen esas micro-empresas que emplean a millones de mexiquenses, en donde las mujeres están encontrando éxito y oportunidades.

En la última entrega que hicimos de este programa, Doña Lupe, mujer ejemplar de Temoaya, decidió tomar el micrófono; explicó lo complicado que era ser jefa de familia, lo difícil que era encontrar trabajo teniendo niños de cinco y siete años, las agotadoras jornadas que comenzaban con esos largos traslados y el problema de dejar a los niños encargados.

Nos compartió cómo llegó a la Escuela de Artes y Oficios a tomar sus primeros cursos de cultora de belleza, y que había empezado a trabajar en una estética cercana. Siguió capacitándose, concluyó un ciclo de dos años y se puso de acuerdo con cuatro compañeras más: era momento de abrir su propio negocio.

Nos dijo que el proceso fue simple y que la espera concluyó precisamente ese día que le entregamos todo lo necesario para abrir su estética. "Con mucha claridad por estar empezando una nueva vida", nos dijo a todos. "Por lo pronto le voy a echar muchas ganas. Voy a sacar adelante a mis hijos y, lo mejor de todo, nunca volveré a ser chalana de nadie".