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Ah caray, usted sí es sindicalista

La revolución industrial en el siglo XIX cambió para siempre la manera en que la gente en las distintas sociedades se organizaba para trabajar. La mano de obra y el capital se encontraron en un choque que transformaría al mundo para siempre. Con la esclavitud quedándose atrás, aparecieron nuevas formas de explotación laboral que dieron paso, poco a poco, a la organización de los trabajadores en sindicatos para aumentar su poder de negociación y buscar condiciones mínimas de dignidad en los centros laborales.

En esta cuestión, a lo largo de décadas, tuvimos muchas luchas, muchos episodios violentos, muchos mártires y muchas historias que ilustraron la difícil transición de la economía mundial hacia la industrialización. Así, en 1917 la Constitución de nuestro país recogió derechos y principios que llamaban a cuidar las prerrogativas ganadas con toda justicia por los trabajadores y sus sindicatos, que se incorporaron al artículo 123.

En nuestros días, la explotación laboral y las peores formas de trabajo motivan a que las políticas públicas, de manera permanente en todo el mundo, busquen asegurar que los trabajadores hagan sus actividades de manera digna y decente; en el ámbito global el derecho a huelga existe, pero también se tiene conciencia sobre la importancia de la conciliación en las relaciones obrero-patronales, para evitar la ruina de empresas y la pérdida de plazas de trabajo.

Más allá de lo ganado hasta ahora, en el siglo XXI los retos del sindicalismo tienen que ver con la productividad negociada en los contratos colectivos, en la posibilidad de tener programas permanentes de capacitación y certificación de competencias y en buscar garantizar condiciones salubres y seguras en las empresas. Al mismo tiempo, la agenda sindical debe acercarse a los trabajadores para que conozcan sus derechos y encuentren en la formalidad la posibilidad de vencer la desigualdad, rompiendo los ciclos que sin la protección de la seguridad social destruyen el patrimonio del trabajador.

El poder superar los retos del sindicalismo habrá de apartarnos de una situación que podría ser real en el futuro: si quieres trabajar te pago a destajo, total, de aquí a diez años el mundo debe generar más de 600 millones de empleos. Por ello, en este camino las autoridades laborales debemos ser parte del fortalecimiento de los sindicatos que con seriedad y transparencia defienden al trabajador y generar valor agregado en las empresas.

Así como pueden ser criticables algunos sindicatos en ciertos sectores, la realidad es que el crecimiento del México industrial y competitivo tiene que ver con la tarea que hacen estas organizaciones, lo que nos llama a apuntalar el derecho a la contratación colectiva, rechazando los sindicatos de protección y transparentando plenamente a los trabajadores su contrato y sus derechos.

Bajo este orden de ideas, en una mesa de análisis con trabajadores me dijeron "ah caray, usted parece sindicalista", y la verdad me hicieron reflexionar desde entonces que uno nunca sabe qué tanto cambie el mercado de trabajo en los próximos años y qué tanto la economía moderna nos aleje de los derechos ganados durante los últimos siglos. Lo que sí sé es que deberíamos preferir promover el sindicalismo responsable, que volver a andar peleando con patrones abusivos. Por eso igual y sí, soy sindicalista.