Entretelones

Euforia priísta

Una de las escenas que más llama mi atención de los menesteres de la política son sus tradiciones y particularmente los mítines y eventos masivos priistas, son de los teatros que me cuesta trabajo entender y encontrar la razón por la que no cambian. Actos en los que todos los asistentes son influyentes y a como dé lugar deben estar en primera fila para saludar a los tricolores ungidos con nuevos encargos, aunque eso implique aplastar al de frente, mentarle la madre al de lado e impedir a toda costa que llegue alguien más a darle la mano a los elegidos.

El registro de la planilla de unidad de Alberto Meléndez Apodaca y Emilse Miranda Munive, estuvo enmarcada por el tumulto, los atropellos, verbales y físicos, hubo quien no dudo en asegurar que fue peor que el zafarrancho que se suscitó recientemente durante la presentación de la banda Trakalosa en Pachuca; a todos les fue igual entre tanta gente eufórica y agresiva por reconocer a sus nuevos líderes y externarles su lealtad, hacerse ver con la esperanza de que ahora sí el partido los considere para un puesto.

También hubo quien ni siquiera sabía el por qué de la “fiesta priista”, que más bien debiera llamarse pamplonada o slam tricolor, un grupo de mujeres de estatura baja, piel morena y atuendos de vivos colores, situadas al frente del templete donde los integrantes de la comisión de procesos internos esperó el registro único, platicaba previó a la entrada de los aspirantes, “¿es el que va a ser gobernador?, preguntó una de ellas al ver a Meléndez abrirse paso entre la multitud, las demás solo levantaron los hombros, en señal de desconocimiento mirándose unas a otras, para luego alzar sobre sus cabezas una lona y comenzar a gritar: “¡Tito, Tito!”.

A un costado varios hombres ensombrerados exclamaron el apoyo del municipio de donde provenían con una frase difícil para hacerla porra entre el ruido estruendoso de las dos bandas de viento que, como una “tradición” amenizaron el evento de los tricolores con “chuntatas”: “Meléndez Amigo, Tezontepec de Aldama está contigo”; cuando concluyeron los virtuales dirigentes con sus mensajes, el que parecía el líder del grupo, les pidió que se acercarán más para que saludarán al líder y les dijo: “ahora si con él nos tiene que ir mejor”, y a empujones lograron llegar hasta el próximo dirigente para tomarse la “selfie”.

Varias fueron las voces que escuché de la estructura priista que se mezcló entre los hoy funcionarios de gabinete, diputados federales y locales, de los cuales no todos mostraron su beneplácito de estar en el centro de la multitud dándose su “baño de pueblo”, como el caso del diputado Javier Amador de la Fuente, que recordando sus tiempos de formar parte de las bases partidistas, adoptó la postura de defender altaneramente su espacio y no permitir el paso más allá del sitito donde presenció el registro, característica de la mayoría de los que asistieron por convicción y obligación al registro de los próximos líderes.

El aún dirigente del PRI, Ricardo Crespo Arroyo, prefirió presenciar de lejos, desde el balcón del tercer piso del edificio el multitudinario evento, seguramente desde ahí vio mejor la fallida alfombra roja y sobretodo quién se pego de más a quien por el exceso de “unidad” en la sede priista.

Y así transcurrió esta puesta en escena de las que se viven en cada elección interna del instituto político y que no veo ningún tipo de intención para cambiar estas prácticas populacheras pues los políticos siguen pensado que es justamente lo que le gusta y quiere la gente y las replican una vez que llegan a los puestos de elección popular.

 

@JanetBaS