Política cero

Me zurra ‘Catémoc’ Blanco

Sí, me zurra Cuauhtémoc Blanco, es una bonita tradición y requisito justo y necesario para cualquiera que sea digno aficionado de los Pumas. Un símbolo americanista que encarna con fervor el espíritu del “ódiame más”, sobre todo por protagónico y canchero, provocador y mamonzazo, atorrante pero cagante, siempre en la búsqueda del pleito ratero, de la ventaja rabona, el engaño por principio y el melodrama ranchero. Y sus celebraciones y burlas para humillar a los contrarios, que son una combinación de la Roqueseñal, la Britney señal y la David Zepeda señal. 
Si un día Blanco decidiera escribir una autobiografía tendría que titularse algo así como Soy ese vicio de piel, soy un costal de mañas. 

Claro que en este negocio de la política donde Catémoc decidió entrar por quien sabe qué extraviados motivos (quizá vio que cualquiera puede tener un puesto de elección popular, hasta Fox), no es lo que el supone ni mucho menos. Y todas estas herramientas de las que tanto provecho sacó en los estadios, no le servirán de mucho cuando tenga que internarse en esa jungla salvaje de la política habitada por seres torvos, aviesos y traidores que habrán de caer sobre su insólita y jorobada persona donde los ingenuos y los confiados son presa fácil de los depredadores.

Bueno, cómo estará la cosa que uno de los machos alfa de este oficio de canallas, Ángel Heladio Aguirre Rivero, ante los rumores sobre su retorno al poder, mejor decidió negar cualquier posibilidad de regresar a la gubernatura de Guerrero, no fuera a ser que le aplicaran alguna terapia de choque por saltarse las trancas. Mejor hubiera declinado por Catémoc.

Pobre Catémoc, no sabe en la que se metió. Sobre todo porque carece de las facultades de Carmelita Salinas para aprenderse la Constitución como quien se memoriza el guión de Aventurera; ni tiene los engarces necesarios del ex Virrey de Castillo que gracias a lo bien que dejó Michoacán, le dieron la Conade.

De hecho ni en el Partido Verde aceptarían al número 10, porque ni siquiera tiene la malacia como para contribuir a que México deje de ser el subcampeón de la impunidad.

Cuando al Temo lo acusen sus contrincantes de haber andado con teiboleras, borrachos, vivales, mercenarios, oportunistas, dealers, rateros y demás hijos de la chingada, él que no se anda con doble moral, dirá que sí, que en efecto ha conocido a toda esa gente. Sí, pero que lo que no sabía era que a todos se los iba a encontrar en las campañas, las votaciones, los partidos, el INE y el Congreso.

Así, a la Charlie Sheen.

jairo.calixto@milenio.com

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