Política cero

Que se vayan a Oslo

Quizá en principio parezca una mala idea irle a interrumpir a la admirable Malala su ceremonia de recepción del Premio Nobel de la Paz, pero es muy probable que gracias a la aparición de nuestro compatriota Adán Cortés este acto protocolario que por lo regular son olvidados por la opinión pública, pasará a la historia. Hoy vemos y escuchamos a muchos espíritus irritados y encendidos que quieren mandar a este estudiante de Ciencias Políticas de la UNAM a Guantánamo por andar de revoltoso y desestabilizador.

Las autoridades mexicanas, en vez de esperar su deportación para darle el tratamiento que le querían dar a Malala en Pakistán, o someterlo a los rigores del Jefe Apolo con granaderos dispuestos a encapsularlo por motivos de salud, deberían reconocer los talentos del veinteañero y darle una oportunidad para que trabaje por el bien de la patria. Por sus habilidades y empeños en colarse en las fiestas a donde no has sido invitado, éste tendría que ser contratado por el heroico cuerpo de granaderos para que se infiltre entre los infiltrados en las marchas y que luego de su información nunca más sean encapsulados los disidentes equivocados.

Sí, que Adán tenga una actividad propositiva y de provecho. Sobre todo para que no se le vaya a ocurrir convertirse en munícipe de algún agreste territorio. Y no para emular a Abarca el de la Parca, que está en el plano de las cosas del diablo, sino para seguir los pasos de los alcaldes que se emborrachan y se hacen pipí en los taxis, o los que atacan con los dientes los traseros de teiboleras. Al único presidente municipal nayarita que hay que admirar es a Hilario Ramírez Villanueva, alias El amigo Layín,  quien tras reconocer que en su primer periodo al frente de los destinos de San Blas “si robaba pero poquito”, fue reconocido como Alcalde del año por la Quality Fundation de EU. Y era lógico: para lo que roban los otros, este es un santo.

Como quiera que sea, hay que impedir que Cortés caiga en tentaciones. No vaya a ser que le dé por contradecir, por ejemplo, al secretario de Marina como ha hecho el ex ombudsman José Luis Soberanes, al responderle que los padres de los normalistas de Ayotzinapa no estaban manipulados como se había afirmado.

No puede ser, se está perdiendo el respeto. Juan Ramón de la Fuente dice que el gobierno no es empático, Krauze pide que el Preciso pida disculpas y Soberanes sugiere que el licenciado Peña se despeine.

Mejor que se vayan a Oslo.

jairo.calixto@milenio.com

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