Política cero

¡Nos valen madre los partidos políticos!

Aunque es lo que una reciente encuesta de confiabilidad arroja como resultado, es también lo que expresaron los normalistas deAyotzinapa ante la presencia de ciertos partidos políticos que ya quieren llevar, como dicen los cursis, “agua a su molino”, uno de los lugares comunes más detestables y que debería generar multas del SAT a quienes se atrevan a decir estas cosas sin la cara llena de vergüenza. O sea que les tienen más desconfianza a estos sacrosantos institutos que a los de Ficrea, esa Sofipo, sociedad financiera popular que es cada vez es más impopular por atracar a los ahorradores. Todo mientras la Condusef, encabezada por otro que se volvió Godínez y se le olvidó el marxismo, se queda impertérrita ante la desgracia ajena.

Pues sí, es la sobreproducción de desconfianza. Algo explicable si pensamos en esos 12 alcaldes (¿nada más?) que según sospechas e investigaciones podrían estar relacionados con el crimen organizado; la clase de gente que cree que tienen derecho a ser como los Abarca de la Parca, cuya vida de dicha y placer era de película de los hermanos Almada.

Claro que ya varios munícipes perredistas dijeron que no tienen nada que ver con los malos de malolandia, igualito que el sátrapa de Iguala que durante cuatro años aseguró que era bueno, santo y puro y todo el mundo, sin investigarlo a fondo, le creyó hasta que sucedió lo de los 43 de Ayotzinapa. Como no traía playeras Polo, sino Hugo Boss, pues era lo más lógico.

Como quiera que sea dadas las circunstancias pareciera que el epíteto “¡Nos valen madre los partidos políticos!” no sale de los normalistas, sino del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Harto de lo que ve en el PRD, un partido que vive momentos de fuerte intensidad decadentista-karmática, decidió pedir la renuncia de su actual presidente, Carlos Navarrete, quien, visiblemente contrariado al igual que el resto de los miembros del Instituto Chuchístico de Verano, no podía creer tal cosa. Digo, un pequeño error de juicio, un desliz por falta de sospechosismo, el imperativo del pragmatismo electoral, no pueden ser juzgados tan duramente.

Por eso fue bonita la respuesta navarretiana sacándole al debate público de fondo con Cárdenas, sino invitándolo a lo oscurito a firmar un pacto de no agresión.

Si acaso hay delito por bailar el chachachá con algunos pocos renglones torcidos de Dios, no por haberse olvidado del marxismo y dedicarse a los manuales de autoayuda.

 

jairo.calixto@milenio.com

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