Política cero

Con trascabo se arreglan las cosas

Lo de Tetelcingo es una obra maestra de la ingeniería institucional que, a través del estado de Morelos, que atinadamente gobierna el nada grato de Graco, nos da una importante lección de lo que es el humanismo, la eficiencia y la empatía. Gracias al esfuerzo de una madre que perdió tristemente a su hijo en una situación de violencia y terror, de esas que el gobernador afirma en sus aspiraciones presidenciales que no ocurren bajo su férula, se dio con una narcofosa. Ahí estaba el cuerpo del muchacho, entre otros muchos seres anónimos a los que nadie reclama porque a ninguna autoridad le interesa en verdad investigar, sistematizar, recuperar y entregarlos a las familias que acongojadas los reclaman. A lo mejor les falta no ver más bax sino más CSI o Mentes criminales o alguno de esos programas televisivos donde una y otra vez muestran la manera de tratar con casos de este tipo. Por eso se les hizo fácil mantener en silencio tan terrible descubrimiento hasta que la presión social obligó a la Fiscalía de Morelos (que en un principio levantó un acta a los familiares y activistas que rompieron los cercos para buscar a sus seres queridos, ya luego se desistió viendo que era poco menos que una insensatez y un despropósito producto de la inepcia y la estulticia) a armar una exhumación.

Se agendó el operativo, se pusieron de acuerdo autoridades, familiares y activistas y, ¿qué creen? En efecto, el fiscal morelense, Javier Pérez Durón, que seguramente se quedó durmiendo en sus laureles, no se presentó hasta las mil quinientas. Al fin que a quién le importan estas cosas cuando a la eternidad si algo le sobra es tiempo.

Pero como en el stand up comedy del gobierno de Morelos y su fiscalía la diversión nunca termina, pues resulta que el minucioso y preciso trabajo de la exhumación de los cuerpos que ciertamente requiere de espíritu científico y respeto superior, se iba a hacer con un trascabo. Así como lo oyen, cual si se tratara de extraer escombros de un agujero de Santa Fe.

Y lo más bonito que no fue una acción que se tratara de hacer a escondidas como suele ocurrir, sino que todo fue hecho frente a decenas de personas que estuvieran presenciando un hecho totalmente quirúrgico. Algo parecido al desalojo del plantón de maestros de la CNTE, realizado con mucho tacto, capacidad de convencimiento y mucha paciencia, no es que les hayan hecho una propuesta que no pudieran rechazar ni que los hubieran espantado con la sábana del muerto ni nada de esas cosas que pasaban en otros tiempos cuando imperaba en la Ciudad de México el espíritu de Tlaxcoaque.

Seguramente resultará que todo esto fue un mal entendido y las autoridades morelenses, encabezadas por el nada grato de Graco, se cubrirán de gloria.

Al tiempo. Al fin que los desaparecidos ni prisa tienen.

jairo.calixto@milenio.com

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