Política cero

La tradición tricolor obliga

Las tradiciones son imprescindibles porque nos reafirman, confirman y nos dan la comunión. Conforman un GPS idiosincrásico y cultural que nos dan rumbo y certidumbre. Son ejes sobre los que descansan las estructuras de la patria y que al desaparecer todo se vuelve incierto y nebuloso. Luego de 12 años fuera de Los Pinos, observando con tristeza cómo Fox y Calderón luchaban con su inexperiencia y dudoso entusiasmo por sostener los abusos y costumbres con el nerviosismo propio de los improvisados que no saben cómo hacer las cosas bien. Aunque cabe mencionar que en efecto se dieron idílicos momentos en que los panistas podían superar a sus maestros como en la fabulosa narcoguerra que todavía hace suspirar patrióticamente a muchos, aunque en la realidad nunca significara gran cosa para el negocio de tráfico de drogas, que sigue tan boyante como siempre.

Así, fue bueno saber que el retorno del PRI —logrado en buena medida gracias al esfuerzo blanquiazul que hizo todo lo posible por conseguirlo— nos devolvió, renovadas y tuneadas, esas bonitas tradiciones que se creyeron extraviadas: los discursos engolados de retórica suprema y sofisma superior (lo de hoy “Hagamos más con menos”, es tan sublime que es casi, casi salinista), el total desapego a la austeridad republicana que le arranca lustre y credibilidad a un régimen donde lo que rifa es la mirreynidad; las maravillosas y espléndidas ceremonias de tintes faraónicos que gustan a chicos y grandes, sobre todo a los líderes sindicales que están más charros que nunca; sin olvidar ese admirable sentido solidario en los casos, con moreiriña incluida, donde nunca de los nuncas los choznos de don Plutarco han abandonado a un contlapache.

Ahí está el muy plausible caso de don Catémoc de la Torre, acusado de trata cuando a todas luces se ve, se siente, que es más célibe que la monja Alférez. Con aplomo, el presidente del PRI explicó que el partido no hace resoluciones por consigna, que el muchacho es un ejemplo para la juventud y esperan que le den como premio el Instituto Nacional de las Mujeres.

Una maravillosa tradición que, por supuesto, amparará al gobernador priista de Colima, Mario Anguiano, ahora que se celebra uno de sus más grandes logros: que el estado pasara de ser el menos corrupto a estar entre los más corruptos. Ni Granier.

Será una reacción rápida , más que las empresas promotoras de box y lucha que, ante casos como el del Hijo del Perro Aguayo, luego dicen que no hubo negligencia.

 

jairo.calixto@milenio.com

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