Política cero

Un tatanka no hace verano

Plausible y admirable que los consejeros del Instituto Nacional Electoral cierren filas ante los embates de quienes pretenden minar la credibilidad y la firmeza de una institución que, a pocos días de la justa electoral, vive momentos críticos absolutamente artificiales e innecesarios, sobre todo porque su presidente, el señorito Córdova, fue víctima de un acto de espionaje solo con el fin de desprestigiarlo.

Y sobre todo con una grabación telefónica que, ya viéndolo fríamente, no supera otras piezas de esa misma estirpe que uno puede evocar hasta con orgullo como la llamada de Adriana y Raúl Salinas, que alcanza niveles teatrales que nunca se vivieron en el Teatro Blanquita. No se diga las filtraciones habituales de Fidel Herrera que nos dieron una de las grandes frases de todos los tiempos que revela esa satisfacción suprema que se despierta al ejercer “La plenitud del pinchi  poder”.

Digo, los pícaros comentarios de don Lorenzo sobre la idílica vida de los pueblos indígenas extraídos de su observación detallada de las películas vaqueras de los Hermanos Almada, palidecen ante los pachangones orgiásticos panistas y los protocolos de selección de candidatos perredistas en el relajado estado de Guerrero.

Bueno, por más que Córdova se dedicara a injuriar y burlarse de las venas abiertas de América Latina, no puede superar lo realizado por el Nini Verde ni yendo a bailar a Chalma.

Como quiera que sea, no puede ser que la envidia desatada ante una carrera meteórica y deslumbrante de este personaje, haya despertado tales manifestaciones de encono y linchamiento.

Lo que es cierto es quizá el control de daños del INE sí requiere un poco de apoyo. No puede ser que gastando fortunas en asesores nadie les haya dicho que lo último que se debe hacer en estos casos es salir y decir que están unidos en su repudio en los intentos por destruir tan noble institución chiquita, acabada de nacer.

En vez de eso, Tatanka Córdova tendría que haber dicho que dijo todas esas cosas políticamente incorrectas porque había tenido pesadillas premonitorias de las balaceras que se desatarían en Michoacán, sobre todo porque le pegarían a la autoestima al gobierno federal que no ha tenido más que espíritu positivo reforzado por los mejores libros de autoyuda.

Lo único bueno es que no se cayó en el lugarcomunesco de echarle la culpa de todo al Partido Verde.

Sería darle mucho crédito, ¿o no?

 

jairo.calixto@milenio.com

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