Política cero

Solo Judas temió

En el volumen número XV —que algún día espero que esté al nivel de los XV de tus labios de Rubí, de rojo carmesí— voy a especificarle a los políticos, sobre todo a los señalados por temas de desfalco, corrupción y abuso del tráfico de influencias, que nunca jamás (ni siquiera por deformación profesional, para explicar, salirse por la tangente y lavarse las manos como Poncio Pilatos) recurran a una frase que, por lo regular, revela exactamente lo contrario de lo que se quiere enarbolar, como la de “el que nada debe nada teme”, que se entiende formuló el ex góber de Zacatecas, hoy jefe en Fonatur, Miguel Alonso Reyes, en un acto reflejo ante las acusaciones de desfalco (algo prácticamente imposible si hablamos de un político priista) que, sin duda, le restan méritos e impacto a su declaración de inocencia.

Ya no se pueden hacer esas cosas. Por eso hay que hacer lo mismo que el Nuño Artillero, quien después de los terribles resultados de la prueba PISA de la OCDE, más o menos dijo que no había de qué preocuparse si los niños no sabían temas sin importancia como las matemáticas, la ciencias y la comprensión de lectura (a ver, para aplicar la reforma educativa ni siquiera hay que saber ler), al fin que, afirmó, de todos modos faltan diez años para que estas ondas del mejoramiento escolar comiencen a funcionar. Y lo expresó en un tono tan relajado que parecía que Dios le iba a prestar vida más allá de este sexenio para ver los frutos de su trabajo. A lo mejor debido a su enorme popularidad se ve como candidato presidencial (las risas grabadas se compran por separado).

Bueno, eso si en vez de corretear maestros como si fueran invitaciones a los XV de Rubí, mejor resucita materias como la de Historia de México, que están más muertas que el futuro político de José Calzada, secre de Agricultura, al que se le ocurrió organizar entre sus amigos del gabinete el #RetoGuacamole.

Además se ve mal plagiarle el discurso a Javidú, Padrés, Moreira, Borge, el otro Duarte y varios maestros en el arte del engaño. Aunque ladrón que le roba a ladrón...

Una lógica que me recuerda a lo que de manera tan sutil quiso aplicar el dotor Mancera: un impuesto a la plusvalía que hubiera hecho que Marx pusiera sus barbas a remojar. La lógica es impecable pero primermundista: si el gobierno construyó algo cerca de tu casa o propiedad que pudiera haber elevado su valor, lo justo es que le pagues una lana por los favores prestados.

Es una lástima que el jefe de Gobierno no haya sido comprendido y tuviera que recular, sobre todo porque seguro que esa gran idea incluía compensaciones a la ciudadanía por todos los desmadres materiales y emocionales que ocasionan las obras públicas.

Ojalá que ya no se les ocurra usar “el que nada debe nada teme”, porque solo Judas temió.

jairo.calixto@milenio.com
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